
¿Y si todo es tan necesario como una sola palabra? © Wikipedia Commons
En estos días, buscamos más respuestas que nunca ante un mundo que se retuerce, que despierta y se condena a sí mismo por igual. Pero, ¿fue siempre todo tan difícil? La filosofía hindú tiene mucho que decir al respecto.

©Judith Scharnowski
En India hay lugares donde quedarte un poco más implica la posibilidad de querer hacerlo para siempre. Lo confirma la sonrisa de esa señora que vende mangos encurtidos en una tiendecita de Kerala, los sacerdotes de los templos que buscan sumergirte en un mar de conocimientos o la vida ascética de los sadhus a lo largo y ancho de todo el país. Gestos que sugieren una energía universal e incluso comunitaria, que hoy se ve amenazada por el cambio climático, el uso acelerado de la tecnología a través de ramas como la IA o, especialmente, las guerras iniciadas por nuevos líderes.
Factores que nos llevan a reinterpretar el lenguaje de lo seguro, el refugio, lo habitable y el propósito como una forma de burlar la larga sombra de las noticias diarias y un miedo interiorizado. Especialmente, desde la irrupción de la pandemia del COVID-19 en todo el mundo, hace ya tantos años. O quizás, no tantos.

Ramayana ilustrado por Sonali Zohra. © Restless Books
Un efecto muelle que nos lleva a abrazar lo excesivo y lo inquietante, nuevos extremos que comienzan a mirarse en el interior a la hora de comprender qué falló: desde las nuevas formas espirituales aceptadas por miles de personas hasta relatos antiguos y épicos que ya hablaban de la posibilidad de un mundo mejor. Y el pensamiento hindú es uno de los mejores ejemplos.
Si echamos un vistazo a epopeyas icónicas como el Ramayana, descubrimos la importancia que la naturaleza ejerce como esa otra protagonista de la historia. La meditación como forma de purificar la mente y que muchos sabios aún pregonan en rincones del mundo apartados sin ser invitados a los congresos y reuniones donde el poder dicta el destino global.
Como cuenta el libro Namasté: La vía india a la felicidad, la realización y el éxito (Ed. Urano), documentado y escrito por Héctor García y Francesc Miralles, autores del ya icónico Ikigai, la amplia terminología hindú, que habla de valores tan antiguos como universales.

El recomendable libro «Namasté», de Héctor García y Francesc Miralles, publicado por Urano.
Ahí tenemos la palabra «namasté», formada por «namas» (en sánscrito, adorar o apreciar); y «te» (a ti) como forma de comprimir en un solo gesto la intención de reverenciar el alma del prójimo. El concepto «ahimsa» de los jainistas, o su visión de la no-violencia barriendo insectos de los templos para no pisarlos y cuya sencillez encierra toda una declaración de intenciones.
Las enseñanzas budistas que podrían ilustrar tantos artículos enteros o parábolas como la del elefante y los cuatro ciegos, quienes incapaces de averiguar de qué animal se trataba intentaron basarse en una de las partes que habían tocado: uno rozó la pata, otro las orejas, y así sucesivamente sin llegar a comprender el todo.
En un mundo donde todo ahí fuera parece hostil, quizás también podamos hacer un análisis propio. Replantearse qué falló, desconectarnos de esa extensión nuestra que es el smartphone por unas horas, practicar los pequeños grandes gestos de la vida cotidiana.
Porque quizás el problema inunde hoy el paisaje exterior, pero todo empieza aquí dentro, a través de pensamientos que pueden resultarnos nuevos, o incluso inviables, pero que siempre estaban aquí. Y el principio del cambio – sí, buscar una solución antes que aceptar lo evitable – puede ser algo tan sencillo como aprender el gesto de aceptar que somos parte de otras personas a las que respetar y entender.
Namasté.