Raja, el “luckyman”

Raja posando junto a nuestro vehículo

Raja es aire fresco. Una de esas personas que da alegría conocer. Es una suerte poder contar con personas como él. Un joven, en un joven país, que demuestra que India tiene aún más futuro que pasado.

Una lección: aún en las condiciones más duras, Raja se siente tremendamente afortunado, elegido por la suerte, agradecido de todo lo que tiene.
Raja dice con orgullo que lo imposible a veces es posible… sólo hay que confiar. Se define como un tipo con suerte, un luckyman.

Quedó huérfano de padre y madre a los 14 años. Fueron años muy difíciles, en los que sacar adelante su vida y la de su hermana fue muy duro. Durísimo. Desde entonces, la vida le ha mostrado caras muy diversas: un tsunami del que escapó por los pelos mientras varios amigos morían ahogados; dos oficios (frutero y desde hace cuatro años, driver); una familia… Y sobre todo, un carácter, el que ha ido modelando, propio de alguien que se inspira en sus propios sueños para construir el día a día.

Su vida está llena de historias, como poemas épicos al puro estilo de Oriente, como un Ramayana casero…. Su hermana fue abandonada ante el “altar”, cuando el matrimonio estaba concertado y a punto de celebrarse. Un buen amigo le propuso (para que el honor de su hermana no quedara “manchado”) que él se casaría con ella. Sólo había que cambiar el nombre de las tarjetas de invitación… Y así fue, bajo la mirada atónita del pueblo. El padre del voluntarioso marido sólo puso una condición: le parecía bien que su hijo se casase con la hermana Raja, si Raja a su vez se casaba con su hija … Y así, de carambola, Raja y su actual mujer consiguieron unir en matrimonio todo el amor que protegían en secreto desde hacía años…
El fruto sería Anu, la niña de sus ojos, nacida con sólo seis meses. No pudiendo pagar la factura de una incubadora, su mujer sacó esa misma tarde del hospital el bebé, todavía sin nombre. Selló la casa. Candó la puerta de la habitación de la niña. A partir de ese momento, estaba prohibido verla. Todos debían lavarse varias veces al entrar en casa. Nadie pudo ver la niña, ni siquiera Raja,  hasta pasados siete meses, cuando la madre la presentó a todos, sana y salva, fuerte y nacida otra vez, en su propia casa. Anu había nacido.

Raja dice que no tiene religión. Sólo cree en la humanidad de las personas. Dice que no tiene casta.
Y así fue como, cuando tenía 12 años, perdió las becas de estudio. En el formulario que le dieron para poder optar a una  de las becas que se ofrecen para castas bajas, Raja escribió en la casilla que solicitaba su casta: “Indio”. Y en la casilla de subcasta contestó “Hombre”.
Hasta el director del Colegio público le felicitó por tan brillante concepción de su ciudadanía… Fue una fiesta, un orgullo en el barrio….pero se quedó si beca, porque los inspectores no entendieron que sin tener dinero, Raja no quisiera tener casta…

Años más tarde, aún en la frutería donde trabajaba, empezó a conducir un camión. Para su primer destino, el marido de su hermana le indicó cada cruce de caminos, cada carretera, a través de un móvil durante ocho horas. No podía fallar. Y llegó a destino. Y entregó la mercancía. Y demostró que era posible llegar a donde no sabes dónde está…

Con 26 largos años vividos y el brillo intenso en la mirada de quien se autoproclama un luckyman. Excelente chófer o conductor y excelente compañero de viaje.

Gracias, Raja.


Sobre el autor:
PabloPablo Pascual es Director de Sociedad Geográfica de las Indias. Gran conocedor de India, Pablo se obstinó en ofrecer lo que a él le gustaría encontrar en el sector de agencias de viajes tradicionales: especialistas por destino con un solo propósito, la calidad. Para más información: [Quiénes somos]