
Leh, la capital de Ladakh y el mejor punto de partida para conocer la «Tierra de los Pasos». © Wikipedia Commons
Leh, la capital de Ladakh, es el lugar donde se encuentran la tierra y el cielo.
Por Alberto Piernas

Dolkhar Ladakh, uno de los primeros hoteles boutique regenerativo de India. © Condé Nast
En algún lugar en los confines de India, la tierra parece reflejar el susurro de los dioses. Coordenadas tatuadas entre paisajes que podrían pertenecer a un planeta por descubrir, donde el ahínco de los caminantes retiene el aire durante los ascensos de trekking hasta expandirse en Leh, en ese puerto seguro en el Himalaya.
La capital del estado de Ladakh, situada a 3500 metros de altitud en el norte superlativo de India, es el oasis ideal donde hacer un alto antes de seguir explorando uno de los rincones más espectaculares del mundo. Pero aquí no te aburrirás: hay danzas coloridas en las calles, gompas que parecen detener el tiempo y una paz indescriptible que te envuelve para hacerte flotar.
Qué ver en Leh: cuando India quiso tocar el cielo

Miradas espectaculares desde el palacio de Leh. © Pixabay
El sonido de la campana del templo estremece todo el valle y las cabras aparecen en mitad del camino polvoriento. La luz aquí es diferente, casi celestial, y los vecinos hacen fila para mover levemente la rueda del dharma que revotará su buena suerte como un boomerang invisible.
Si bien Leh supone tan solo una porción de todo el encanto que engloba Ladakh, la ciudad es un buen remanso para abrazar todos los encantos de este territorio donde todo gira en torno a un budismo amplificado por el cielo y las montañas del Himalaya.
Tanto si te encuentras unos días, como unas pocas horas antes de volver a subirte a la moto o proseguir la ruta, te contamos qué ver en Leh:
Palacio de Leh

El impresionante palacio de Leh. © Incredible India
El mayor icono de la ciudad es este antiguo palacio real cuya apariencia supone un cruce entre monasterio budista y una construcción de Star Wars. Concebido a partir del palacio de Potala, antigua residencia del Dalái Lama en Lhasa (Tíbet), este fastuoso templo real fue mandado a construir por el rey Sengge Namgyal en el siglo XVII, cuenta con hasta nueve pisos de altura y actualmente está siendo restaurado por la Archaeological Survey of India. A pesar de la reforma, el palacio es visitable durante todos los días de la semana, ideal para sumergirse entre fastuosas colecciones de joyas y coronas envueltas en un interiorismo muy particular, casi profano.
Otros monasterios de Leh

Thiksey, uno de los monasterios más visitados de Leh. © Vargis Khan
Si bien el Palacio de Leh supone una atracción imperdible, la ciudad es perfecta para dejarse llevar por otras construcciones como los monasterios tibetanos (o gompas) de Shey, Hemis o, especialmente, el de Thiksey, construido hace más de 600 años y el más visitado de la ciudad. A lo largo de sus 12 pisos encontraréis diversas estructuras relacionadas con el budismo como estatuas, pinturas o, especialmente, estupas.
Gompa Namgyal Tsemo

Las cumbres de Leh siempre reservan nuevas sorpresas. © Wikipedia Commons
El monasterio de Namgyal Tsemo es otro de los más especiales de la ciudad y fue fundado por el rey Tashi Namgyal en el siglo XIV. Una obra de arte cuyos colores rojizos y blancos contrastan con la montaña y las nubes que parecen besar sus tejados antes de revelar uno de sus principales tesoros: una estatua dorada del Buda Maitreya de tres pisos de altura, además de antiguos manuscritos y frescos.
Monasterio Diskit

La estatua que supone un guiño a la paz. © Pixabay
Este monasterio se encuentra a 3 horas en coche de Leh, pero bien merece la pena una visita. Especialmente, cuando hablamos del gompa más antiguo y grande de todo el valle de Nubra. El Diskit fue fundado en el siglo XIV, se ubica a una altitud de 3142 metros y se asoma, practicamente, a Pakistán. De hecho, y aunque no es oficial, la ubicación de la enorme estatua de Buda Maitreya se asocia con la compasión y la paz universal. Valores que suponen un posible guiño al país vecino, con el que India ha mantenido tantos conflictos. De hecho, el propio Dalái Lama, al inaugurar la estatua en 2010, subrayó el mensaje de entendimiento entre ambos países en una zona de sensible posición geopolítica.
Pero esto es solo el principio

En Leh comienzan tantas historias como aventuras: desde una visita por toda la región de Ladakh y el resto del norte de India, pasando por destinos como el Lago Pangong – el más alto del mundo y todo un festín de azules -, el Valle de Nubra, varios trekkings e incluso la posibilidad de enlazar con Srinagar, en Cachemira. Una tierra espiritual donde la naturaleza evoca una canción sosegada entre cumbres y ríos de la llamado “tierra de los pasos”.
¿Te gustaría sumergirte en Leh durante un viaje a India con nosotros?