Un viaje poético por India

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En India, la poesía brota hasta en los lugares más insospechados.

Por Alberto Piernas

Nueva mente, nueva luna.

He visto al gran océano hacerse nuevo.

Desde entonces, ha recorrido mi cuerpo y mi mente.

Yo, Lalla, soy nueva y siempre nueva.

 (Lalla, una de las primeras mujeres poetas reconocidas de India)

Este poema fue recitado por Lalla, una joven que decidió dejar atrás su vida lujosa, su matrimonio y destino para entregarse a seguir a Shiva por toda India descalza, bailando y fundida con la naturaleza. Y algo nos habla en estos tiempos de esa necesidad de dejarlo todo para entregarnos a un mundo que necesita de una poesía que siempre estuvo en todas partes: en el loto que brota en los lagos de Malarikkal, en el corazón de Kerala; los pétalos de marigold en las afueras de un mercado, la sonrisa procedente de un puestecito de té chai o los cocoteros apuntando a un mar donde viejos dioses dieron hachazos hasta emanar un paraíso inesperado.

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Dentro del río están
el cielo, la nube y el sol
En el cuenco de mis manos está el río

Si alzo mis manos,
El río se derrama en gotas, dispersando
cielo, nube y sol sobre mí toda.

Si del cuenco de mis manos bebo del río;
dentro de mí entonces
el sol, la nube y el cielo.

Dime, ¿quién está dentro de quién?

(Un poema río, Mamta Sagar)

Porque India es sentimiento, un amanecer frente al Ganges en Varanasi, una reverencia a Adiyogi en Tamil Nadu y alguien en bicicleta entre calles azules en Jodhpur, multicolores en Puducherry y rosas en Jaipur. El rangoli se enciende, la brisa trae un aroma a fruta y una puerta abierta en Anegundi habla de la calidez que vinimos a buscar a este lado del río.

El darshain hacer vibrar el interior de los templos de Madurai, el pavo real baila anunciando el monzón y alguien admira un avión que despega en Mumbai. La poesía es también una luciérnaga, un elefante meditativo que corre en libertad en Periyar, o los ojos amarillos del tigre que tiñen las noches de Madhya Pradesh.

En silencio, la pena va adquiriendo Paz en mi corazón, como el anochecer entre los árboles callados. (Rabindranath Tagore)

Fin de Año en la India - Happy New Diwali

© Michael Berhoef

En Kozhikode, alguien recita un poema junto al mar; los antiguos barcos arroceros penetran en la selva, la oración se expande entre tejados rojizos y el atardecer abraza a un shadu bajo los árboles. Solo entonces el espíritu de Lalla abraza el infinito entre el incienso, la certeza del horizonte. De una India tan infinita como el poema que tejen los colores de la historia.

Experimenta la poesía durante tu próximo viaje a India.

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