Svarga – Capítulo 17

El borde del socavón parecía absorber la luz de la luna como si la tierra aún recordara el impacto de algo que no pertenecía del todo a nuestro tiempo, y mientras Akshi permanecía inmóvil, por primera vez en silencio, comprendimos que aquello no era una herida sino una entrada. Rajkumar apoyó la mano en el suelo con un gesto reverente y descendimos tras él por una rampa tallada en la roca, cubierta de símbolos gastados que no supe leer pero sí reconocer, hasta que el aire cambió y se volvió limpio, casi irreal. Ante nosotros se abrió Svarga: no un paraíso, sino un refugio donde árboles vivos crecían bajo una bóveda translúcida, el agua corría en canales de piedra y las personas trabajaban sin prisa, preservando lo esencial después de que el mundo, en algún punto del futuro, hubiera fallado. Todo encajó entonces —las fechas, el miedo, el silencio, la persecución— y entendimos que Svarga no podía ser visitado sin precio ni recordado sin consecuencias. Akshi saltó de mi hombro, tocó la estructura en forma de pinchi que latía en el centro del recinto y, en ese instante, una vibración nos atravesó el cuerpo como una despedida. El siguiente recuerdo fue el amanecer filtrándose entre las plataneras, la moto cubierta de rocío y el sonido cotidiano de la selva; Akshi ya no estaba, pero sabíamos que no se había ido del todo. Nos marchamos sin mirar atrás, con la certeza de haber visto algo que no debía ser contado, solo guardado, como se guarda un secreto que protege al mundo incluso cuando nadie más sabe que existe.