Buscando detalles en Khajuraho

Escrito por: Javier Galán

Aunque se visite por sus explícitas esculturas sexuales, el templo esconde más que erotismo.

Khajuraho

Ⓒ Nadia Ismail

La escena se desarrolla con las manos dentro del barro naranja. Entonces debe ser arcilla lo que el joven contornea al ritmo de una música imaginaria que solo escucha él y, si acaso, sus creaciones. Cuerpos esquemáticos que juegan con la curvatura de la arcillosa taza para convertir los relieves en una orgía.

Lo que el escultor hace no es sino perpetuar lo mismo a lo que se dedicaron los escultores de la zona entre los siglos X y XI, solo que estos antepasados se dedicaban a la piedra, en el conjunto de templos con representaciones eróticas más conocido del mundo, de los que quedan en pie alguno más de la veintena, y que se concentran en medio de la nada, en un lugar que si ahora se conoce es gracias a que queda a mitad de camino entre Agra y Benarés. Gracias al clan de los Chandela, de los que nunca se sabrá exactamente en qué estarían pensando para construir semejante complejo aquí.

Khajuraho

Ⓒ Dennis Jarvis

Volviendo al muchacho que se gana la vida creando souvenirs únicos, se muestra serio mientras le da forma a un falo en miniatura sobre una taza de té. Su actitud contrasta tremendamente con las risitas que se oyen junto a las paredes, y no solo cerca de la talla del caballo asaltado.

Khajuraho

Ⓒ Amit Rawat

No podemos evitarlo, nos hace gracia mirar algo que normalmente se guarda, o desde luego no se esculpe con alegría en las paredes de los templos. Aunque solo una pequeña parte de las esculturas represente un motivo erótico, aunque haya jabalíes y leones de más de un metro, nos siguen llamando la mayoría de la atención esas pequeñas escenas de contacto íntimo. Por mucho que el chapitel, el punto más alto de Kandariya-Mahadev, el templo principal, represente en más de 30 metros el símbolo fálico de Shiva, siempre ocurre lo mismo: las miradas acaban yéndose a los detalles. Incluso las de las recatadas abuelas inglesas.

Por esos pormenores Khajuraho es mucho más que erotismo, ya que las representaciones sexuales serán, sin ánimo científico, menos de una quinta parte; es una de las mejores muestras arquitectónicas de todo el país, y da de comer a tanta gente que es imposible no fascinarse con lo que uno se encuentra.

¡Come, come!, alza la voz otro muchacho cuando no se emboba mirando las tazas que crea el primero. Hace el paripé de que le compra cinco tazas, y comienza a hacer malabares. Parte unas cuantas y se lleva unas monedas. Se las reparte con el escultor, que sigue empeñado en reproducir las creaciones de sus antepasados.

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