La India en fotos: la India de Henri Cartier-Bresson

Escrito por: Esther Pardo

El siglo XX contó con un testigo de excepción: Henri Cartier-Bresson. Padre del fotoperiodismo, cofundador de la cooperativa Magnum Photos junto con Capa, Rodger, Seymour y Vandivert y compañero de su inseparable Leica, supo capturar como nadie el instante y estar en el momento justo en el lugar adecuado. Uno de esos lugares fue India donde la casualidad le situó en el domicilio de mahatma Gandhi el día en que fue asesinado. La India en fotos, la India de Henri Cartier-Bresson.

India en fotos

Cuando Cartier-Bresson llegó a la India, poco después de su independencia, ya había hecho reportajes de Costa de Marfil, México, la guerra civil española, la coronación de Jorge VI, la liberación de París o la Alemania en ruinas tras la II Guerra Mundial. En ellos, su pasión por la composición geométrica, su sentido de la medida su claridad y sobre todo su capacidad de aunar su visión interior de la realidad con la exterior le granjearon un enorme prestigio.

Sin embargo, cuando llegó a Bombay en 1947 ni siquiera sospechaba que su estancia se alargaría durante más de un año y le llevaría, de nuevo, a ser partícipe de la historia. Porque lo que el fotógrafo encontró en el subcontinente no fue un país, sino un mundo que le deslumbró. Por ello se decidió a disparar con su cámara todo aquello que le sugirió la civilización que estaba descubriendo.

India en fotos

© Sebastian Januszevski

Seiscientos mil refugiados que están acampados en Kurukshetra (estado de Jariana, norte de India); líderes nacionalistas arengando a las masas; enfermos de cólera; intocables que esperan el reparto de alimentos en las calles de Bombay; refugiados que se hacinan en un tren en Dehli rumbo a Lahore; las procesiones alrededor de los templos; ingleses de la alta sociedad charlando en un jardín; invitados al cumpleaños del marajá de Baroda; mujeres de Cachemira ataviadas con sus saris; el ritual del lavado de ropa en Ahmedabad; la boda de la hija del marajá de Jaipur…

Cartier-Bresson siempre buscó ir al centro mismo de la historia en marcha y en esa época eso tenía un nombre: Gandhi. Gracias a los contactos que hizo su mujer Ratna, procedente de Java e introductora de su marido en temas relacionados con Oriente, fue capaz de llegar a Nehru. Sólo era cuestión de tiempo el conocer a la Gran Alma de esa utopía hecha realidad. Ese día llegó el 30 de enero de 1948.

Mahatma Gandhi Cartier-BressonEn Birla House, el fotógrafo busca la instantánea perfecta del gran hombre y consigue encontrarla. Un primer plano de Ganchi, con una mano alzada, hablando todo el conjunto de la persona y el personaje. Poco antes de marchar, Gandhi sintió curiosidad por un libro de fotos que llevaba Bresson. En concreto, se detiene en una de ellas: un cortejo fúnebre. La muerte, el gran tema de la vida. Así concluyen la entrevista.

Henri se aleja pocos kilómetros en su bici cuando una multitud alterada le atrapa y le da la noticia: han disparado a Gandhi en su jardín y allí mismo ha fallecido. De nuevo el azar le coloca en el papel de testigo. Su obligación en ese momento, la de retratar a un pueblo afrontando una de las mayores calamidades de su vida. Las últimas instantáneas hechas al padre de la nación india así como las de su cremación y el esparcimiento de sus cenizas por el Ganges y el Jamna dieron la vuelta al mundo.

Cartier aún permaneció en el subcontinente el tiempo necesario como para estar en el armisticio entre India y Pakistán en Hyderabad y plasmar la fiebre de elecciones municipales o las revueltas comunistas con una mirada llena de poesía y humanismo de un mundo que le marcó para siempre.

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