Anita Delgado, la andaluza que conquistó a un maharajá indio

Anita Delgado en India

Anita Delgado en una imagen de archivo.



La famosa frase «la realidad supera a la ficción» cobra forma, muchas veces, a través de historias dignas de una superproducción de Hollywood. Y una de ellas es la que cuenta como protagonista con Anita Delgado, una joven andaluza que a principios del siglo XX se convirtió en maharaní de Kaphurtala, una ciudad del Punjab indio.

Escrito por: Alberto Piernas

Anita Delgado: Lunares y especias

Anita Delgado

Anita Delgado, como maharaní de Kapurthala.

Érase una vez una joven malagueña que quería ser artista. Se llamaba Anita Delgado y había nacido en el seno de una familia humilde que regentaba un café llamado La Castaña, en Málaga. Sin embargo, las cosas no iban bien y la familia decidió mudarse a Madrid.

Una vez en la capital, y a pesar del escaso dinero, Anita continuó estudiando sus clases de declamación (o el arte de interpretar poemas en público), al mismo tiempo que frecuentaba los cafés bohemios más de moda de la ciudad junto a su hermana Victoria, con quien terminó debutando como telonera en el café Centras Kursaal, situado en la Plaza del Carmen. A partir de entonces, Anita se convirtió en un pequeño referente de la noche madrileña, vinculándose con artistas como los pintores Julio Romero de Torres y Ricardo Arjona.

Tales contactos la llevaron a entremezclarse con diferentes eventos de la jet-set y la realeza española, entre ellos la boda del rey Alfonso XIII.

Fue allí donde le conoció.

Lucía un exótico turbante y un traje de motivos dorados, una tupida barba y grandes ojos oscuros. Se trataba de Jagatjit Singh, maharajá de Kapurthala, una ciudad ubicada en el Punjab, al norte de India. El mismo que, tras quedar prendado de Anita, no cesó en cortejarla en todo momento, si bien la joven andaluza lo rechazó.

Sin embargo, cuando Jagatjit le pidió que se casara con él desde París, Anita escribió una carta que posteriormente Romero de Torres y Valle-Inclán corregirían y ayudarían a traducir. Fue así como, en 1906, Anita y Jagatjit contrajeron matrimonio civil en París y una boda por todo lo alto siguiendo el rito sij el 28 de enero de 1908. Ella solo tenía 18 años y llegó, indefensa, a lomos de un enorme elefante por la calles de Kaputhala hasta penetrar en el palacio.

Anita Delgado

Recorte periodístico de la época.

Fue así como comenzó la verdadera historia de Anita: la de una joven andaluza frente a un mundo tan diferentes como era India, más concretamente un palacio, L’Elyse (el maharajá era admirador de todo lo francés), en el que se masclarían todas las intrigas y dramas que sacudieron esta historia de amor tejida entre Oriente y Occidente.

En 1908, nació su hijo Ajit, quien terminaría graduándose como teniente coronel, mientras sus constantes viajes y estancias en diferentes palacio la mantuvieron al margen de los idilios de su marido con otras mujeres. De sus propios anhelos en un mundo totalmente diferente.

De hecho, al poco tiempo de vivir en el palacio, Anita se enteró de que su marido tenía otras cuatro mujeres que guardaba en secreto en un harén y varios hijos. Entre ellos, se encontraba Karan, de la misma edad de Anita, con la que mantuvo un romance que, según los expertos y biógrafos, fue para la joven andaluza el mayor (e imposible) amor de su vida.

Anita Delgado

Anita Delgado y el maharajá de Kapurthala en 1925, año en el que la situación ya era demasiado incómoda entre ellos.

En 1925, a medida que la relación amorosa entre Karan y Anita crecía, la de ésta y su marido se alejaba cada vez más hasta tal punto que Anita solicitó el divorcio. Tras un último almuerzo juntos en el Palacio de Kapurthala, Anita regresó a España, donde inició una nueva vida. Si bien Karan aprovechó para visitarla de vez en cuando, Anita se refugió en la tradición andaluza, los eventos y los entornos frecuentados en la jet-set tratando de mantener en el anonimato sus romances por miedo a perder la pensión que su ex-marido le facilitaba.

Anita falleció en 1962 a causa de un ataque cardíaco.

Fue en la misma cama junto a la cual lucía la foto de Karan que veía todos los días antes de dormir y al despertar.

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