Paracas: cuando Perú se encontró con Marte

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La magia de Paracas. © Stampy by stamp travel



A 4 horas de Lima, el paisaje marciano de Paracas nos sumerge en uno de los lugares más fascinantes de Perú.

Por Alberto Piernas

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Paracas es un paraíso de la biodiversidad. © Peru Travel

Existen lugares donde el silencio tan solo se ve interrumpido por el sonido del océano al besar el desierto. Las aves echan a volar, el susurro de antiguos dioses abraza las montañas y un nuevo pingüino llega a una pequeña isla.

Podríamos hablar de un destino perdido en la memoria, o de uno de los escenarios más surrealistas de Perú: la Reserva de Paracas, cuya superficie de 335.000 hectáreas engloba desde playas paradisíacas hasta refugios repletos de avifauna. Todo ello, envuelto en un telón rojizo que le confiere un aspecto cósmico, casi marciano.

Paracas: de pingüinos, playas y «candelabros»

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Un paisaje cósmico al sur de Perú. © CN

A cuatro horas de Lima (261 km), Paracas se ubica en la provincia de Pisco, en el departamento de Ica, una zona de Perú donde la historia y la naturaleza se entrelazan en un territorio ideal para pasar varios días durante tu viaje al país del ceviche y alpacas.

Parte de la historia de Paracas gira en torno a su bahía, al norte de la península homónima, donde tuvo lugar el desembarco del Ejército Libertador del Perú al mando del general José de San Martín un 7 de septiembre de 1820. Hoy, el viejo aliento de la corriente pacífica de Paracas, origen del nombre actual, y las leyendas de sus moradores alimentan una atmósfera mística y calmada, ideal para conocer los misterios del sur peruano.

Una visita que puede empezar saboreando una Cusqueña, típica cerveza de Perú, tras un paseo por el malecón en la ciudad de Paracas. El perfecto punto de partida a la hora de adentrarnos en el corazón natural de la región: la Reserva de Paracas, donde playas paradisíacas contrastan con los tonos intensos de los acantilados y hasta 1500 especies animales se agrupan en sus diferentes refugios.

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Pingüinos de Humboldt en Paracas. © Peru Travel

La reserva fue creada en 1975 como espacio protegido por el gobierno peruano, y entre sus principales atractivos encontramos las islas Ballestas. Es aquí donde podemos contemplar a los lobos marinos sobre las rocas desde tu embarcación. Además, también encontrarás pingüinos de Humboldt, cuyo nombre procede de otra de las corrientes oceánicas que siguen hasta la costa de Sudamérica; además de aves como guaneras y flamencos, y mamíferos como la nutria marina o los delfines.

Además de la fauna, otro motivo por el que destaca Paracas son sus playas, con ejemplos como La Mina, donde puedes practicar pesca y submarinismo; y El Raspón, de aguas más tranquilas. Otra de las playas más emblemáticas es La Roja, cuyo nombre hace alusión al tono rojizo del entorno a causa de antiguas erupciones volcánicos.

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El Candelabro, un icono que guía a todos los navegantes. © The Legend Paracas Resort

Solo entonces, en lo alto de uno de los acantilados descubrirás El Candelabro de Paracas, una de las estampas más populares de la zona. Con 181 metros de longitud, esta escultura en forma de enorme candelabro se remonta al año 200 a.C. a modo de geoglifo que, según las rumores, servía para orientar a los antiguas pescadores locales tras sus jornadas en alta mar. Una obra de ingeniería que confirma la destreza de la antigua cultura Paracas, civilización prehispánica que se desarrolló en la costa sur de Perú entre los años 800 a.C. y 200 d.C.

Además de estos emblemas, Paracas es también el lugar perfecto desde el que conocer otros lugares de interés: la propia provincia de Pisco ya da pistas de que nos encontramos en el escenario perfecto para saborear el trago insignia de Perú. Si te desplazas hasta la capital, a tan solo 17 km de Paracas, podrás disfrutar de una excursión a través de las bodegas donde se prepara el pisco y realizar una cata en un entorno puramente local.

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Huacachina, un oasis en pleno desierto peruano. © Peru Explorer

A una hora de Paracas, también encontramos Huacachina, otra de las postales típicas del sur de Perú en forma de oasis rodeado de dunas en pleno desierto. Aquí las leyendas de una antigua princesa devorada por el lago alimentan una atmósfera única, donde los misterios conviven con rutas en 4×4 o buggy, además de practicar sandboard.

Por último, si te atreves puedes recorrer los 180 km de distancia entre Paracas y las Líneas de Nazca, yacimiento que contiene los geoglifos más famosos del mundo. La mejor propuesta es  realizar un tour en avioneta de unos 40 minutos para contemplar de forma nítida las líneas trazadas por la antigua cultura nazca en las pampas de Jumana, cuyo clima árido han permitido conservar estas obras geométricas que también puedes avistar desde las colinas cercanas.

Aunque muchos relacionan estas formas con la presencia de extraterrestres, lo cierto es su origen cabe encontrarlo en los antiguos pobladores, quienes retiraban las piedras oscuras de la superficie del desierto, dejando al descubierto la arena de tonalidad más clara que encontraba debajo.

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Líneas de Nazca, un milagro tatuado en la tierra. © Wikipedia Commons

Y es que Paracas es mucho más que dunas y playas: un ecosistema propio donde las historias han tatuado en la tierra los recuerdos de antiguas civilizaciones que hoy permanecen casi intactos.

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