Queridos viajeros: Esta es la historia que habéis creado

Hace unas semanas, propusimos a nuestros queridos viajeros a través de redes sociales crear una historia conjunta ambientada en India. El resultado ha sido una gran acogida y un cuento ambientado en la India del siglo XIX donde no faltan el romance, la intriga e, incluso, una cierta crítica. ¿Quieres conocer la historia de Priya?

Escrito por: Los viajeros de Sociedad Geográfica de las Indias.

En Sociedad Geográfica de las Indias, cada vez somos más conscientes de la capacidad que cada uno de nosotros tiene para contar una historia. Por ese motivo, nos dispusimos a preguntar a nuestros viajeros a través de nuestras redes sociales si construíamos una historia juntos.

Fue así como surgió el cuento que aquí nos ocupa y que comienza con una protagonista, Priya, atrapada en las limitaciones sociales de la India de finales de XIX.

¿Estás preparado?

Udaipur, año 1888.

Priya era una mujer que, como otras muchas, había sido entregada como esposa a un famoso comerciante de la ciudad. Sin embargo, aquella mujer de ojos verdes y bindi rojo quería ver mundo. Ir más allá…



Como muchas tardes, Priya acudió a uno de los balcones traseros de la casa y se asomó a la ventana cuando cruzó la mirada con un hombre de la calle que llevaba un monito en el hombro izquierdo. Lo había visto pasar algunas veces al atardecer, cuando subía arriba para disfrutar de la brisa. Lo curioso fue que, día tras día, se percató de que acudía a ese lugar secreto de forma inconsciente para esperarle.

Hasta que un día, Priya tiró al monito un trocito de pan que se estaba comiendo y el hombre la sonrió y le envió un saludo.

La terraza era trasera y, en cierto modo, permitía cierta privacidad a fin de que Priya pudiese hablar con él sin ser vista, pero tampoco sin tentación de acercarse. Fue así como, aquella primera tarde, aquel chico cuyo nombre nunca le desveló, comenzó a contarle historias acerca de lejanas ciudades tan azules como el mar, de mausoleos majestuosos y bailarinas de Kathak que también contaban historias centenarias; de los maharajás y los niños que ofrecían aperitivos de mango para vender en las calles del comercio, donde se vendían telas teñidas a mano, de colores tan vivos que ¡enseguida te llamaban la atención!

Un día tras otro, Priya quedaba fascinada, hasta que él la invitó un día a oler las especias que vendía. Una invitación que ella rechazó, comentándole que tenía que cuidar las flores de jazmín de su terraza. Quería acercarse a él, pero no podía hacerlo. A pesar de que, en secreto, y tras unos días, aquel chico fuese para Priya su amor más intenso. Tan moreno, con aquellos ojos pequeños y llenos de amor.

Aquella noche se marchó con esa sonrisa, cerró los ojos y empezó a soñar oliendo fragancias nuevas, especias y frutas dulzonas y jugosas. Notó frescura en su cuello y la luz de la terraza era bajita. Allí delante de ella, seguía la sonrisa blanca. El mono se cruzo entre los dos y ….

Despertó.

Tras el sueño, aquella tarde volvió a encontrarse con el comerciante. Sin embargo, aquella podía ser su última tarde. El chico del mono le dijo que partiría en camello al día siguiente desde Udaipur y la invitó a ir con él. Ahora Priya tenía una oportunidad de conocer algo más, fuera del matrimonio, de Udaipur, de ser una esposa y cuidar del hogar. Salvo que, de huir, esto también supondría su condena.

Para colmo su suegra, que venia a pasar un tiempo ahí, no la dejó tranquila. No maldijo, porque era una mujer educada. Pero servir a aquella anciana malcriada era algo que la agobiaba. De hecho, su marido siempre huía en estas ocasiones.

Hasta que el marido, alentado por su madre, se dio cuenta de que Priya no solo accedía a la terraza por la tarde, sino también cada noche accedía a la terraza y ahí comenzaron las preguntas y las respuestas entre líneas. Finalmente, tras escuchar la propuesta de aquel desconocido a Priya, su marido terminó encerrándola en una habitación mientras el amor de su vida marchaba en su camello decepcionado, cada vez más lejano.

Al día siguiente, dolorida y triste, Priya supo que su amor nunca jamás volvería.

Por suerte, cierto mono llegó a tiempo para entregarle un mensaje escrito en un papel.

Y Priya, suspiró.

Mil gracias a todos, queridos viajeros:

Silvia Samsari

Violeta Raquel

Montse Liarte

Alicia Basilio

Uribe Gutiérrez María

Ángela Costa Redondo

Nuri Romano

Ana Pérez

Beatriz Álvarez Santafé

Dorka Herrera

Amparo Martínez

¿Tienes una historia que quieras compartir con nosotros sobre tu viaje a India?

¿Quieres que te diseñemos un viaje exclusivo al Subcontinente Indio?

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