Svarga – Capítulo 1

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Svarga

 

El sonido de la moto interrumpe la paz de la noche.

Nos encontramos en el Coconut Tree, el único restaurante de Anegundi, un pueblo perdido en el estado de Karnataka, no lejos de Hampi.

Tras varios días peleando con la conexión a Internet mientras trabajamos en una choza de palma como alojamiento – lo único que encontramos – nos hemos acostumbrado al silencio que recorre estas calles, especialmente al anochecer. En nuestra mesa, situada entre dos palmeras, hay ensalada de cacahuetes y momos de espinacas, la luna parece acercarse más, el sonido que se acerca a lo lejos.

El motorista resulta ser un joven neozelandés llamado Matthew. Tiene ojos azules, una sonrisa seductora y parece embriagado por algún tipo de pócima que aún desconocemos. Matthew llega desde algún lugar lejos del sur. Un escenario fragante, desconocido, que ni siquiera aparece en los mapas.

«Hay un lugar…», es la frase con la que comienza muchos de los comentarios a lo largo de la conversación. «Hay un lugar donde vive el futuro, como otro nuevo Libro de la Selva, pero cuidado».

Lo que Matthew nos cuenta se queda grabado en nuestra mente y no volvemos a hablar de ello hasta pasados unos días. Cambian las coordenadas en el mapa, hay un viaje largo hasta ese lugar que no encontraremos en Google Maps, ni siquiera en los corrillos de vecinos que lo custodian como un secreto. Y caminamos por las calles de Anegundi, donde los vecinos abren las puertas de sus casas revelando nuevos arcoíris: rosa, verde, rojo. Se nos ocurre hablarle de ese lugar a un hombre sabio sentado en la calle, y ese hombre se va corriendo.

Nadie quiere hablarnos del Svarga, ese mundo celestial que Matthew nos revela antes de partir hacia el norte.

Nos deja un testigo, una responsabilidad, la certeza de tener en nuestras manos la llave de un nuevo mundo…

 

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