
Existe el azul… y el azul Chefchaouen. © Alberto Piernas
Si existe un lugar azul, ese es sin duda el pueblo de Chefchaouen, en Marruecos pero, ¿cuál es el origen de este irresistible color?
Por Alberto Piernas

Existen muchas historias en torno al origen del azul en Chefchaouen. © Alberto Piernas
Durante el siglos, el color azul saltó del mar y el cielo para convertirse en una especie de nueva emoción a través del mundo: durante siglos, su presencia terrenal se limitaba a su condición de pigmento exclusivo para pintar los mantos de las vírgenes, adquiriendo un enfoque sagrado e inaccesible. El loulaki, o azul griego con el que los pescadores pintaban sus puertas. El caro azul lapislázuli, un mineral procedente de Afganistán. O, por supuesto, el azul (azulete, más bien) que inunda las calles del pueblo de Chefchaouen, integrado en las legendarias montañas del Rif marroquí.
Una joya cromática donde el azul todo lo inunda, los gatos duermen en las ventanas y la frescura nos envuelve a través de un viaje por la historia y por el origen de un color que aquí es más eterno.
El origen del azul de Chefchaouen

Chefchaouen: un refugio de puertas azules. © Alberto Piernas
Las ciudades marroquíes nacen en torno a la Medina, o parte antigua de la misma. Sin embargo, en el caso de Chefchaouen, hubo un momento en que los comerciantes comenzaron a construir casas fuera de la misma, especialmente cuando aquí convivían personas procedentes de diferentes culturas, desde la marroquí hasta la europea y la judía.
Integrado en el protectorado español en 1920 – de hecho, en Chefchaouen encontrarás muchas calles con nombres españoles -, el pueblo se convirtió en refugio para miles de judíos que huían de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de este episodio, las teorías en torno al nacimiento del azul comenzaron a multiplicarse.

Perderse entre las callejuelas revela diversas estampas cotidianas (sin necesidad de ser invasivos). © Alberto Piernas
Si le preguntas a un anciano de Chefchaouen, te dirá que el origen del azulete nace de la tradición judía, ya que representa el color del cielo, el paraíso y la presencia de Dios. Por ese motivo, existe la antigua costumbre de pintar los objetos de color azul o teñir tejidos con esta tonalidad. El factor que apoya esta teoría cabe encontrarlo en el Mellah, el antiguo barrio judío de la ciudad y único lugar donde se encontraban las primeras casas azules. Según los habitantes más mayores, las casas de la Medina siempre fueron de color blanco.
Sin embargo, esta no es la única teoría. El color azul siempre ha sido un gran aliado para mantener las casas frescas durante los meses de calor, además de ser perfecto para ahuyentar a los mosquitos, por lo que muchos apuntan a estos aspectos meramente funcionales como origen de esta evolución cromática.

En Chefchaouen, el azul es un sentimiento.© Alberto Piernas
También otras historias hablan del color azul como simbolismo del cercano mar Mediterráneo, el cual espía entre las montañas del Rif. El agua es una narradora predominante que también apunta al color de la cascada Ras el-Maa como inspiración.
Por último, otra teoría que toma fuerza es aquella que hace alusión a los comerciantes del barrio, quienes comenzaron pintando los zócalos de sus casas de este color para diferenciarse de los otros vecinos e indicar que su casa se trataba de un punto de venta. Con el tiempo, el nivel del color azul fue aumentando y muchos vecinos terminaron pintando toda la fachada de la vivienda en azulete.
En cualquier caso, Chefchaouen invita siempre a descubrir todas las historias posibles a través de sus encantos: desde la Medina hasta su barrio judío, pasando por la serendipia de dejar que un color guíe toda la visita, te descubra nuevas postales y te empape el corazón y el alma de viejos secretos.
Porque el azul no solo se limita al mar y al océano, sino que envuelve lugares donde un color nunca fue tan sentimiento.
¿Te gustaría seguir al azul durante tu viaje a Marruecos?