Mokoro: una barca llena de historias a través de Botsuana

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El Delta del Okavango no se entiende sin un mokoro. © true travel



Hablar de Botsuana y el delta del Okavango, supone hacerlo del mokoro, una embarcación tradicional que guía las historias del territorio y sus habitantes a través de paisajes emblemáticos.

Por Alberto Piernas

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En Botsuana, todos dicen ‘mokoro’. © pixabay

A lo largo de la historia, las diferentes culturas del mundo han interpretado los caprichos del mar y los ríos a través de diversas embarcaciones: en Hong Kong, los famosos barcos junco transportaban el incienso que se exportaba al resto del mundo y, en los países árabes asomados al Índico, la vela blanca el dhow conversa con el horizonte desde hace siglos. 

Sin embargo, cuando nos adentramos en el vasto continente africano, encontramos otras muchas formas de vida que revelan iconos como el mokoro, una embarcación tradicional que se adentra entre los paisajes flotantes de paraísos como el Delta del Okavango, en Botsuana

Nos subimos a un mokoro para descubrir todas las historias que susurran entre hipopótamos y desiertos, selvas y pueblos eternos. 

¿Es eso un narrador de historias o un mokoro? 

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El mokoro cuenta con un sistema que permite navegar a pesar de los obstáculos de los canales. © Safaris by Ella

Existen ríos que no siempre llegan al mar y se pierden por el camino. Es el caso del río Okavango, uno de los más icónicos del mundo y cuya “desembocadura” tiene lugar en una llanura del desierto del Kalahari, formando un abanico del que brotan ecosistemas únicos: desde los únicos leones nadadores del mundo hasta antílopes que saltan entre los islotes.

Considerado como uno de los grandes oasis naturales para realizar un safari en África, el delta del Okavango es popular por contar con los “siete magníficos”: el león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el búfalo -los Big Five -, a los aquí se unen el guepardo y el licaón, o perro salvaje africano

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El delta del Okavango supone uno de los grandes espectáculos naturales del mundo. © conde nast traveler

Protagonistas (y testigos) de un delta del Okavango donde todas las historias comienzan a bordo de un mokoro, una embarcación construida de forma artesanal a lo largo de los siglos en madera de ébano o Kigelia. El mokoro sirve para navegar a través de aguas poco profundas y permite a sus habitantes, especialmente a los pueblos Bayer y BaYei, integrarse por completo en los secretos de un delta que no se descubre igual sin subirse a esta narradora de historias. 

Tradicionalmente, los mokoros se tallaban a partir del tronco de grandes árboles, como el árbol de las salchichas (sausage tree) o el ébano. Actualmente, muchos se fabrican con materiales más accesibles y duraderos, como la fibra de vidrio, material que llegó en las últimas décadas a Botsuana. Los mokoros suelen ser embarcaciones largas y estrechas, con muy poco calado, lo que les permite deslizarse por aguas poco profundas, atravesando juncales y nenúfares.

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El delta del Okavango:el hogar de los leones nadadores. © especially africa

A su vez, el impulso del mokoro se realiza de una forma muy característica conocida como “poling”, mediante la cual el barquero (o poler), permanece de pie en la parte trasera y utiliza una larga pértiga para impulsarse contra el fondo del río. Esta técnica permite recorrorer los sinuosos canales del delta esquivando plantas acuáticas y otros obstáculos, por lo que resulta un aliado único tanto para visitar el delta como para actividades locales como pesca y transporte entre diversos puntos. 

Una nueva forma de perdernos por rincones secretos donde los sonidos del agua y la naturaleza conforman un mapa auditivo lleno de sensaciones, especialmente en mayo. Y es que este mes es el mejor para explorar el delta, ya que durante la estación seca, la cual se extiende entre junio y octubre, el número de mokoros se reduce a la mitad. 

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Una experiencia inolvidable. © Wild Safaris

Durante los últimos años, el mokoro también se ha convertido en un símbolo sostenible dentro del marco de los viajes responsables, ya que supone una embarcación que no solo respeta el legado del territorio, sino que se sumerge en la naturaleza bajo el total respeto, sin producir residuos ni produciendo ruidos que alteren la vida de los animales. 

Porque gracias al mokoro no solo nos subimos a la historia: también experimentamos la magia (y la necesidad) de integrarnos en el paisaje sin romperlo. 

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