
Majnu-ka-tilla, el barrio tibetano de Delhi y uno de los mejores lugares para fomentar el turismo de inmersión. © DNA India
El turismo de inmersión llega para hacernos partícipes del destino en todos los aspectos.
Por Alberto Piernas

Jaffna: el desconocido norte de Sri Lanka es perfecto para profundizar en el ambiente local. © jaffna sutan
Durante décadas, la figura del turista se ha basado principalmente en el rol de espectador: desde tomar fotografías de iconos monumentales hasta asistir a espectáculos de danzas tradicionales en el hotel. Sin embargo, esta perspectiva va mutando, y la necesidad de abandonar las viejas costumbres para formar parte activa del entorno y la vida local va cobrando importancia a la hora de vivir el viaje más como una experiencia auténtica que como un mero espectáculo.
Una nueva forma de viajar ya conocida como «turismo inmersivo», o la genialidad de quedarte un poco más en ese destino y vivir tu propia «rutina». Hablar con el vendedor de mangos, ir al templo a colocar tus ofrendas y comer en restaurantes locales son solo algunas de las serendipias que aguardan en los rincones más inesperados.
Cómo abrazar el turismo de inmersión

Banana Market, en Madurai. © Alberto Piernas
Durante muchos de mis viajes, este servidor suele quedarse en varios destinos más de una semana, especialmente al trabajar en remoto: en Rameswaram, en el sur de India, pasé las tardes caminando entre las casas de los pescadores y las escaleras del templo donde los fieles se bañan cada día en el Índico. En Fort Kochi tendía la ropa junto a Lakshmi, la propietaria de mi alojamiento; y en algún lugar de la costa sur de Sri Lanka, me reunía todas las noches con la familia de Tilila en su restaurante, sin más pretensión que escuchar sus historias antes de volver a mi cabaña siguiendo el rumor del mar.
Cuando viajamos, especialmente si contamos con tiempo limitado, solemos saltar de un punto a otro a fin de visitar todos los escenarios icónicos posibles. Es en esta forma de movernos, puro reflejo de estos tiempos de inmediatez, cuando nos perdemos parte de la esencia de un destino. Salvo si te quedas un poco más en ese barrio o pueblo. Solo entonces, comenzarás a apreciar la magia de lo cotidiano, descubrir la autenticidad de una cultura y dejarte llevar por esas pequeñas grandes cosas que conforman tu nueva rutina.
La esencia del turismo de inmersión, o turismo vivencial, es sencillo: quédate en un alojamiento local (por ejemplo, un hotel boutique) y dedícate a deambular por ese nuevo barrio: puede que descubras festividades en las que poder participar como uno más, convivir con la familia que gestionan el hotel, o entablar conexiones con los vecinos.
La mejor forma de promover el intercambio cultural de una forma mucho más experiencial. Y, a ser posible, sin volverte loco con el abecé de «cosas que hacer y ver».
Destinos donde potenciar el turismo de inmersión
Tangalle (Sri Lanka)

Tangalle, un paraíso único en el sur de Sri Lanka. © Alberto Piernas
El sur de Sri Lanka es un cinturón de playas y cocoteros donde resulta tan fácil encontrar nuestro paraíso propio como lugares atestados de turistas, algo que sucede en núcleos como Mirissa. Sin embargo, una muy buena opción para «inmersionar» es Tangalle, un edén de enormes playas kilométricas donde las casas locales se engarzan con la selva, el pueblo homónimo rebosa autenticidad y la serenidad se experimenta a través de una larga carretera a ras del mar donde entablar nuevas conexiones con los vecinos. Además de esta zona, otros lugares de Sri Lanka como el pueblo pesquero de Trincomalee o Jaffna, el desconocido norte de la isla, son perfectos para potenciar los viajes de inmersión.
Fort Kochi (Kerala, India)

Redes chinas de Fort Kochi (India). © Pixabay
La parte antigua de esta ciudad costera (y antigua puerta de las especias) es perfecta como puerto base para tu aventura. Fort Kochi no solo cuenta con un ambiente cosmopolita, entre sus redes chinas, la intercultural zona de Matancherry, o sus calles de casas floridas, sino que también supone el mejor nexo con maravillas naturales como los backwaters de Kerala, sus islas fluviales y restaurantes donde personas como Madhu te recibirán con los brazos abiertos.
Mustang (Nepal)

Marpha, uno de los pueblos donde quedarte en Mustang. © Jeanne Menj
Abrazada por los montes Annapurna, la región de Mustang, antiguo reino «prohibido» de Nepal, es perfecta para relajarse unos días antes de iniciar esa caminata. Entre pequeñas aldeas de tejados rojizos, este «Tíbet perdido» revela estampas cotidianas arrebatadoras que van desde las calles empedradas en torno a monasterios en la ciudad amurallada de Lo Manthang, antigua capital del reino; a Tukuche, ideal para ver amanecer mientras las cabras pastan a lo lejos.
Anegundi (Karnataka, India)

Anegundi: la magia de lo cotidiano. © Alberto Piernas
Al otro lado del río Tungabhadra a su paso por el imponente complejo de Hampi encontramos Anegundi, una pequeña aldea perfecta para quedarse unos días mientras descubres el entorno: aquí las casas están pintadas de azul, los niños juegan en la ribera fluvial y las fiestas locales brotan en las calles para hacerte formar parte de la vida local.
Majnu Ka Tila (Delhi, India)

Un día (o una semana) en Majnu ka tila. @19frames
Majnu Ka Tila es el principal barrio tibetano de Delhi, a menudo llamado “Little Tibet” o “Mini Tibet”. Fundado en la década de 1960 cerca del río Yamuna (junto a la estación ISBT Kashmiri Gate), es el refugio perfecto para tus días en Delhi. Un barrio de ambiente vibrante entre calles estrechas, edificios de estilo tibetano, monasterios, restaurantes auténticos y mercados donde la comunidad tibetana de Delhi hace sus compras diarias.
¿»Inmersionamos» durante tu próximo viaje a India?