
Mapa de la India antigua. © Sarmaya Arts Fining
India es un país conformado por dos países: el real y el mitológico. Y este segundo, aún algo desconocido para el foráneo, es de lo más fascinante.
Por Alberto Piernas

Lumbini, lugar de nacimiento de Buda. © Pixabay
El río que nace de una diosa, el océano que alguien partió en dos o el ombligo literal del mundo, escondido en alguna coordenada bajo su piel. Cuando pensamos en el mundo, lo hacemos bajo la visión de un planeta físico y lleno de posibilidades. Sin embargo, las diversas culturas del mundo han moldeado a lo largo de los siglos una geografía invisible e íntimamente ligada a la espiritualidad.
Por supuesto, India es el mejor ejemplo de esta urdimbre de historias a través de escenarios que despliegan atlas desconocidos. El techo, claro, es el Nirvana.
O no.
Geografía espiritual de India

Templo Dorado de Amritsar, uno de los grandes emblemas de India. © Paul Rudd
India es una nación cuya riqueza también podría considerarse «patrimonio espiritual de la humanidad»: si bien un 80% de la población es hindú, otras importantes religiones coexisten a lo largo del mapa, desde el budismo al jainismo, pasando por el cristianismo, el islam o el sijismo. Creencias que se traducen en espacios sagrados que atraen largos peregrinajes desde todas las partes del país.
Ahí tenemos el Templo Dorado de Amritsar, cuyo nombre hace alusión a la gota del amrita o néctar derramado sobre este lugar del mundo. El río Ganges como fina línea entre el mundo de los vivos y los muertos; la peregrinación del Char Dam, que alcanza diversos templos en Vadrinath, Jagannath, Rameswaram o Dwarkadhish; además del Kumbh Mela, la única peregrinación del mundo vista desde el espacio.

Kumbh Mela, la peregrinación más grande del mundo. ©Pixabay
Una lista casi eterna de lugares, templos y espacios espirituales que conectan con otra geografía aún más especial: la de aquellos lugares que solo existen en el imaginario de India. Y algunos, incluso inspiran enseñanzas necesarias para el mundo actual.
Un buen ejemplo lo encontramos en el bosque de Dandaka, un paraíso salvaje al que Rama, Sita y Lakshmana, los protagonistas del poema épico Ramayana, son desterrados durante catorce años. En este ecosistema vivo, habitado por sabios ermitaños, los demonios rakshasas y animales sagrados, no solo hablan de un lugar de fantasía, sino que también invoca las creencias animistas que hoy día aún sobreviven en varias regiones de Asia.
Esta filosofía no solo mantiene que los elementos naturales también tienen vida propia, sino que viviendo en armonía con la naturaleza el mundo puede ser un lugar mejor.

Bosque de Dandaka, en el Ramayana. © Meister Drucke
También tenemos el Hiranyagarbha, o huevo dorado de cuya cavidad nació el dios Brahma. Los cabellos de la diosa Ganga de los que emana el río Ganges, o el Patala-dvara, una puerta de entrada al mundo subterráneo a través de cuevas sagradas como Pataleshwar, en Pune.
Si habéis leído una de las ficciones que publicamos en nuestro blog, descubriréis que Svarga es también el nombre del paraíso de los dioses, gobernado por Indra. Placer, luz y frutas frescas de los árboles que también podemos encontrar en Vaikuntha, el reino eterno de Vishnu donde reina una armonía eterna.

Vishnu y Lakshmi, sobre un naga. © kannku_thaapa
O seguir los rastros de los nagas, las famosas serpientes divinas que recorren los ríos del continente asiático bajo diversos significados. En el caso de India, los nagas ocupan el reino subterráneo de Patala, el séptimo de los planetas infernales del inframundo, bajo un total misterio que invoca la adoración divina.
Mundos que giran en torno al Monte Meru, eje del universo para la cosmología hindú; o Kshira Sagara, el océano cósmico de leche donde Vishnu descansa sobre la enorme serpiente Ananta.

Tusita, el cielo de los futuros budistas. © SH Art Fine
Y si hablamos del budismo, Tusita es el cielo donde habitan los futuros Budas antes de reencarnarse por última vez.
Ejemplos de una geografía mística cuya entrada podemos visitar en diversos lugares a lo largo de India. Esa nación donde el ser humano ha tejido no solo conexiones entre lo humano y lo divino. Si no también una geografía que habla del alma y el misterio. De un patrimonio espiritual de la humanidad todavía por descubrir.
Y sentir.
¿Te gustaría viajar a través de la geografía mitológica durante tu próximo viaje a India?