Durbar de Katmandú: El corazón de Nepal

Durbar de Katmandú que ver

Vista de la Plaza Durbar de Katmandú. © Nepal Tourism



Cuando se trata de conocer Nepal desde sus propios raíces, la plaza Durbar de Katmandú supone el mejor kilómetro cero desde el que adentrarse en las maravillas del país de las sonrisas.

Escrito por: Alberto Piernas

Qué ver en Durbar de Katmandú

Valle de Katmandú

Palacio Real en Katmandú. © Hotel Shanker

En el argot hindú, un «durbar» era el lugar típico de una ciudad que simboliza la corte o espacio de recepción de líderes y audiencias públicas. En el caso de Nepal, concretamente en el famoso valle de Katmandú, designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, existen hasta cuatro plazas durbar repartidas por su principales puntos de interés: la plaza Durbar de la ciudad de Bhaktapur, la de Patan, Kirtipur (sin restaurar) pero, especialmente, la plaza Durbar de Katmandú.

Si nos centramos en esta última, comprenderéis el motivo de su fama: en sus esquinas, artesanos curtidos durante generaciones aún evocan el arte y alfarería newar, mientras el Palacio Real (o Palacio Kumari) perteneciente a los Malla y Shah y precedido por la famosa estatua del dios Hanuman, tampoco pudo resistirse a esta misma plaza hace décadas desde su ubicación original en la plaza Dattaraya.

En cualquier caso, la plaza aglutina otros muchos monumentos:

  • Santuario Ashok Binayak: Templo dedicado al dios Ganesha, cuya figura yace bajo una réplica del mismo árbol Ashok que bautizó el complejo.
  • Maju Deval: Uno de los varios templos dedicados a Shiva que encontrarás en la plaza, entre ellos el de Shiva-Parvati, con dos simpáticas réplicas de las deidades asomadas por la ventana.
  • Templo Kal Bhairava: Famoso por albergar una estatua de Kal Bhaivara hallada en mitad de un arrozal, este templo albergaba diferentes audiencias ya que, según la leyenda, no se podía mentir frente a la imagen del mismo.
Templos de Durbar en Katmandú

Shiva y Parvati contemplan la vida pasar desde su templo. © Dreamstime

Un festín para los sentidos que alberga otros muchos monumentos nacidos de la influencia de antiguas dinastías, si bien fue Pratap Malla, hijo de Laksmina Simha, quien durante el siglo XV amplió el espacio dado su interés en las artes y manualidades. Un primer esbozo que atraería durante los siglos venideros diferentes estupas y santuarios, mercados y templetes que hoy evocan un universo único.

La mejor prueba de que toda Katmandú puede caber en una plaza.

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