Historia de Anantapur antes y después de llegar Vicente Ferrer

La historia de Anantapur, paradigma de la India rural, ha sido testigo de cómo un territorio, de los más pobres de la India, puede sufrir una transformación milagrosa y conseguir un lugar en el mapa mundial gracias a la lucha por el cambio liderada por Vicente Ferrer.

Escrito por: Esther Pardo

Estoy seguro de que ninguna buena acción se pierde en este mundo. En algún lugar, quedará para siempre. Y ese lugar es Anantapur”. Esta cita de Vicente Ferrer, que rezaba como epitafio sobre el cuerpo sin vida del ex jesuita, fue el motor de su vida y las palabras. También es la declaración de amor y compromiso de un hombre con una tierra: Anantapur.

historia de Anantapur

© Anna

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George Everest

Coronel Sir George Everest (4 de julio, 1790 – 1 de diciembre, 1866).

George EverestGeógrafo y topógrafo galés, responsable general de la topografía de la India desde 1830 hasta 1843. Fue responsable de completar el estudio topográfico de la sección trigonométrica a lo largo del arco meridiano desde el sur de la India extendiéndose al norte hasta Nepal. Una distancia aproximada de 2400 kilómetros. El trabajo lo comenzó William Lambton en 1802 y fue finalizado casi al final del Siglo. El Monte Everest fue nombrado en honor a George Everest por su sucesor Andrew Waugh debido a sus estudios. Everest nació en Gwernvale Manor cerca de Crickhowell, en Powys, Gales. Fue bautizado en la iglesia de San Alfege, en Greenwich el 27 de enero de 1791. Tras estudiar en una academia militar en Woolwish, sobresaliendo en matemáticas, viajó hacia la India en 1806 como cadete de artillería. Allí fue seleccionado por Sir Stamford Raffles para formar parte en el reconocimiento de Java entre 1814 y 1816.

En 1808, comenzó a servir como asistente del Coronel Lambton, quien ya había empezado las mediciones trigonométricas del subcontinente en 1806. Después de la muerte de Lambton en 1823, fue superintendente de perito y en 1830 fue nombrado perito general de la India. Se retiró en 1843 y se fue a vivir a Inglaterra, donde llegó a ser miembro de la «Royal Society». Fue convertido en caballero real en 1861 y en 1862 fue elegido Vicepresidente de la «Royal Geographical Society». Murió en Greenwich en 1866 y fue enterrado en la iglesia de San Andrews, Hove, cerca de Brighton. Su sobrina, Mary Everest, se casó con el matemático George Boole.

Anita Delgado: de bailarina a maharaní

Escrito por: Esther Pardo

S.A. Maharaní. Prem Kaur de Kapurthala. Ana María Delgado Briones (1890-1962).

Así reza la lápida de una malagueña que se convirtió en testigo de excepción de la historia de India en la época de los maharajás.

Anita DelgadoAnita, afincada en Madrid junto a su familia, se ganaba la vida como bailarina en uno de los centros de la bohemia madrileña de principios del siglo XX: el Central- Kursaal. Allí las “Hermanas Camelias”, nombre artístico de la pareja formada junto a su hermana, actuaban de teloneras para artistas de la talla de Pastora Imperio o la Argentina. La falta de destreza en el baile de la andaluza no le importó lo más mínimo al espectador de excepción que cambiaría su vida para siempre. No era otro que el maharajá de Kapurthala, Jagatjit Singh, quien estaba en la capital como invitado del enlace de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. El maharajá, uno de los príncipes más ricos de la India, tuvo que abandonar la ciudad por el atentado del anarquista Mateo Morral sin conseguir que Anita correspondiera a su amor. Sin embargo, el maharajá, desde su nuevo destino en París, insistió tanto que la bailarina, asesorada por amigos como Valle-Inclán, Ricardo Baroja o Julio Romero de Torres, decidió embarcarse, con apenas 17 años, en la aventura de dejar su vida en España para seguir al que se convertiría en su marido, sin saber qué iba a encontrarse al otro lado del mundo.

Tras unos meses en Francia, donde se formó a la joven para que estuviera a la altura de su nuevo estatus, Anita cruzó el océano hasta llegar al noroeste de la India para celebrar una boda sij por todo lo alto. Ese mismo año, en 1908, nació su primer y único hijo.

Anita Delgado, maharaní de Kapurtala

La niña iletrada llegó al Punjab montada en un elefante para ser presentada ante sus súbditos y sabiendo francés, inglés, protocolo internacional, música… Pero nadie le había aleccionado acerca de las costumbres locales. Y más en concreto, sobre la práctica de la poligamia.

Maharaja of KapurthalaPese a que Singh contaba con un harén, la “Rani extranjera” fue su preferida porque ella no se conformó con ser una más. Su carácter luchador y sus inquietudes la convirtieron en su consejera y en compañera de los viajes que él hacía por todo el mundo. Gracias a ello, la maharaní vivió en primera persona el lujo y excesos de la época de los maharajás; también los primeros movimientos que más tarde propiciarían la independencia de la que entonces todavía era colonia británica. Además, se empapó de las costumbres de su nuevo país, enfrentándose a algunas de ellas, como al infanticidio o la muerte ritual de las viudas. Todos estos periplos los inmortalizó en su diario, artículos y en el libro “Impresiones de mis viajes a las Indias” y más tarde, Javier Moro, escribiría un libro dedicado a ella: «Pasión India».

Después de la Primera Guerra Mundial, que vivió ayudando en el abastecimiento de hospitales de los Aliados, empezó un distanciamiento con su marido que terminaría en divorcio en 1925. Fue entonces cuando Anita decidió abandonar el país para siempre y establecerse de nuevo en Europa; aunque siempre seguiría de cerca las noticias que llegaban de India, incluidas la independencia y la muerte de su ex marido, a quien le seguía uniendo una relación de amistad. Ella falleció en Madrid, a los 72 años, después de una vida con la que ni siquiera se hubiera atrevido a soñar.

 

De maharajás y elefantes

<< (…) El elefante sobre el que se desplazaba el maharajá de Baroda estaba más ricamente engalanado todavía. Los inquietantes colmillos de este monstruo centenario habían despedazado a más de veinte rivales en otros tantos combates. Todos sus jaeces eran de oro macizo: el palanquín real, la gualdrapa, los pesados brazaletes en las cuatro patas y las cadenas que colgaban de las orejas. Cada una de ellas valía unos treinta millones de antiguos francos y representaba una victoria del animal.

Juego con elefantesDurante generaciones, los elefantes habían sido el medio de locomoción favorito de los príncipes. Símbolos del orden cósmico, nacidos de las manos del dios Rama, eran a sus ojos los pilares del universo, el sostén del cielo y de las nubes. Una vez al año, el maharajá de Mysore se prosternaba ante el rey de sus paquidermos. Con este homenaje, renovaba su alianza con las fuerzas de la Naturaleza y aseguraba un año de prosperidad a sus súbditos. La riqueza de un soberano se valoraba por el número, la edad y el tamaño de los elefantes que poblaban las cuadras de sus palacios, algunas de las cuales albergaban hasta trescientos animales.
Desde que Aníbal franqueara los Alpes con su legión de elefantes, quizá nunca se había contemplado una manada tan impresionante como la que se exhibía una vez al año en Mysore con ocasión de la fiesta de Dassahra. Un millar de estos animales, adornados con dibujos, collares de flores, joyas, sillas y riendas de oro, desfilaban a través de la ciudad. Al macho más fuerte correspondía el honor de llevar el palanquín del soberano, trono de oro macizo acolchado de terciopelo y coronado por una sombrilla, atributo de poder principesco. Detrás, venían otros dos elefantes engalanados con la misma fastuosidad. Llevaban dos palanquines vacíos cuya aparición provocaba un respetuoso silencio en la multitud: se consideraba que transportaban las almas de los antepasados del maharajá.

Combates de elefantes realzaban siempre con particular brillo las fiestas del príncipe de Baroda, dando lugar a terribles duelos. Dos machos enormes, enfurecidos a lanzadas, eran arrojados uno contra otro. Haciendo temblar la tierra con sus colosales moles y el cielo con sus barritos, combatían hasta la muerte de uno de ellos. El vencedor tenía el honor de entrar en la cuadra principesca.
El rajá de Dhenkanal, pequeño feudo del este de la India, ofrecía todos los años a millares de invitados la ocasión de asistir a una exhibición igualmente emocionante, aunque menos sangrienta: el apareamiento de los elefantes más bellos de sus cuadras.
Un maharajá de Gwalior utilizó, incluso, un día a unos de sus animales para una tarea que ningún paquidermo había realizado jamás. Habiendo pedido a Venecia una lámpara cuyo peso y tamaño debían superar las dimensiones del mayor candelabro del palacio de Buckingham, decidió comprobar la solidez del tejado de su palacio haciendo deambular por él al más pesado de sus elefantes, después de haberlo hecho izar hasta allí con ayuda de una grúa especialmente ideada para ello.

Otros animales ocupaban en el corazón de ciertos príncipes un lugar tan privilegiado como los elefantes. Para el nabab de Junagadh, minúsculo principado al norte de Bombay, eran los perros. Había instalado a sus animales favoritos en apartamentos con electricidad y teléfono, donde eran servidos por criados a sueldo. Celebró el matrimonio de su perra favorita Roshana con un labrador llamado Bobby en el transcurso de una grandiosa ceremonia a la que invitó a todos los príncipes y dignatarios de la India, incluido el Virrey (…) >>

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Esta noche la libertad, de Dominique Lapierre y Larry Collins.

El ferrocarril en India: introducción

Un poco de historia…
India es uno de los países con la mayor y más antigua tradición ferroviaria. No en vano los primeros caminos de hierro se tendieron a mediados del s. XIX, durante el dominio del país de la Compañía Británica de las Indias Orientales. El interés era evidente: facilitar la movilidad de materias primas, sobre todo hacia los grandes puertos para su exportación hacia Gran Bretaña entre otros.

Primer tren en India

Primer tren en India

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