Historia de la India (comparada)

Un viaje a India, siempre supone un descubrimiento.

Un descubrimiento a partir de sensaciones, olores, sonidos y como no, también a través del acercamiento a la Cultura y la Historia de India. La Historia con mayúsculas, la que sirve para entender la trayectoria de una civilización y para comprender el presente de un pueblo.
Casi siempre, a nuestro regreso, el sinfín de datos proporcionados por las guías de viaje o por nuestro guía, se acumulan en nuestro nostálgico recuerdo y se convierten en un batiburrillo en el que majarahás, batallas, tradiciones, creencias religiosas y estilos artísticos se mezclan sin sentido.

Pero… ¿Y si partimos referencias de la historia y la cultura occidental en las que sí podemos navegar sin perder el rumbo?

Taj Mahal, contemporáneo de Las Meninas

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Los templos de Khajuraho

Resulta sorprendente pensar que en los años 950 a 1.050, mientras Europa construía sobrias catedrales románicas y languidecía en la Edad Media, en India se construían los templos eróticos más famosos y explícitos del mundo, los templos de Khajuraho.

Khajuraho, detalle

Foto por Álvaro Maldonado, 2009

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Fatehpur Sikri, la ciudad fantasma

A mediados del siglo XVI, Akbar el Grande se había propuesto edificar una nueva ciudad para su creciente imperio. Como marcan los cánones, consultó a los profetas, astrólogos y sabios de su corte y le señalaron el lugar y el momento preciso en que debían comenzar las obras.

El lugar elegido era Sikri, un entorno no muy frondoso a 38 kilómetros de Agra, la ciudad del Taj Mahal (todavía no construido). Unos pocos años después, tras la victoria contra Gujarat, se le añadió el prefijo de Fatehpur. Fatehpur Sikri, “la Ciudad de la Victoria”.

Era una obra monumental. Para la construcción de la ciudad, concebida con el propósito de albergar la capital del Imperio Mogol, no escatimaron esfuerzos. Debía ser una demostración del poder del emperador y su séquito, una ciudad autosuficiente y con todos los servicios necesarios. Con sus murallas, su mezquita y su palacio imperial, su estanque artificial en el centro, con sus templos, sus zonas administrativas y puntos de encuentro para los habitantes.

En 1585, en pleno apogeo del lugar, el viajero inglés Ralph Fitch escribía en su diario que esta ciudad era considerablemente mayor que Londres, y más poblada.

Vista de Fatehpur Sikri

Sin embargo, algo falló. Nadie había tenido en cuenta las fuertes sequías periódicas que asolan la zona. Y no se halló la forma de llevar agua a tan imponente emplazamiento.

Fue abandonada solamente 17 años después de haberla acabado.
Y así quedó, como un caprichoso lujo abandonado a su suerte, una ciudad fantasma.
Los sucesivos saqueos desvalijaron sus tesoros, pero quedó su estructura intacta, como un magnífico esqueleto del esplendor imperial.

El lugar hoy bien parece un escenario de película de aventuras. Su belleza es extraña, muda, como embrujada.
Entrada a Fatehpur SikriLa entrada (llamada Bulland Darwaza) es toda una declaración de intenciones, con su pórtico de 50 metros de altura y la escalinata de acceso (actualmente llena de vendedores ambulantes que asaltan al turista). Vista desde abajo, antes de empezar a subir, es realmente impresionante.

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Doscientos millones de vacas sagradas

<< (…) La veneración por la vaca se remonta a los tiempos bíblicos, en los que el destino de las tribus arias que marchaban hacia el subcontinente estaba en función de la vitalidad de sus rebaños. Así como los rabinos de la antigua Judea prohibieron a los judíos el consumo de carne de cerdo para salvarles de los estragos de la triquinosis, los sabios de la India antigua habían sacrificado la vaca para salvar de la matanza de los rebaños de los que dependía la supervivencia de sus pueblos.

Vaca presumida

Foto por David Martín. Sociedad Geográfica de las Indias

En 1947 la India poseía el rebaño más importante del mundo: doscientos millones de cabezas, cinco veces más que franceses en Francia, es decir, un bóvido por cada dos indios. Cuarenta millones de estos animales no daban ni siquiera un litro de leche al día. Otros cuarenta o cincuenta millones uncidos a los carros y los arados, servían de animales de tiro. El resto, unos cien millones de cabezas estériles e inútiles, erraban a su antojo a través de los campos y las ciudades, robando diariamente a diez millones de indios parte de su exigua pitanza. El más elemental instinto de supervivencia habría exigido la destrucción de estos animales, pero la superstición era tan tenaz que la muerte de una sola vaca continuaba siendo un crimen inexpiable para los hindúes. El propio Gandhi proclamaba que, al proteger a la vaca, el hombre protegía a toda la obra de Dios.

Este respeto idólatra inspiraba a los musulmanes la más viva repugnancia. Encontraban un maligno placer en hacer pasar ante las puertas de los templos hindúes las vacas que conducían al matadero. En el transcurso de los siglos, millares de seres humanos habían acompañado a estos animales a la muerte, víctimas de los sangrientos disturbios que seguían inevitablemente a tales provocaciones. (…) >>

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Esta noche, la libertad.
De Dominique Lapierre y Larry Collins.

Akbar, el Grande

Érase una vez, hace muchos muchos años, había un emperador de sólo 13 años que sería llamado a convertirse en el más importante de la India en la época musulmana.

La vida de Akbar el Grande coincide con las habituales en las leyendas y los cuentos. Él fue el tercer emperador de la dinastía Mogol, sucesor de Humayun en 1556.

Ilustración Akbar (Wikipedia)Son los años de los emperadores fabulosos en aquel lugar de la Tierra que hoy se nos cuentan con fantasía y ensueño. Ciudades pobladas con princesas bellísimas y enjoyadas con rubíes y esmeraldas, gobernadores despóticos capaces de resolver los problemas de Estado con crueldad extrema. Guerras fratricidas. Palacios dotados de caprichos extravagantes, construcciones delirantes decoradas con elefantes engalanados, pavos reales o pájaros exóticos.

Jalaluddin Muhammad Akbar nació en Umarkot (hoy Pakistán) en 1542, descendiente nada menos que de las estirpes de Tamerlán y Gengis Kan.

Eran tiempos turbulentos, con un Imperio Mogol débil, decadente y apenas desarrollado. La vida de Akbar no fue fácil, dedicada a la guerra y a la expansión de un imperio que llegó a ser uno de los más grandes de su era, extendiéndose desde la actual Afganistán hasta Bengala y desde las cumbres del Himalaya hasta Mumbai.
Eran también los años de las batallas épicas y sangrientas, como la que protagonizó en Chittorgarh, un inexpugnable castillo que consiguió someter construyendo colinas de barro y rocas artificiales para franquear las murallas.

Dominios del Imperio Mogol en tiempos de Akbar

Pero en la Historia, Akbar no es recordado por sus méritos militares, sino sobre todo por su capacidad de desarrollar un sistema administrativo y de gobierno ejemplar que mantuvo unido un gran imperio, favoreció la economía, la prosperidad de todos los estratos sociales y el comercio. También por su carácter conciliador entre dos religiones y culturas que se enfrentaban en lo más cotidiano: la musulmana y la hindú. No sólo se casó con una mujer de origen rajput (Jodha Bai, procedente del esplendoroso Amber) sino que permitió que las prácticas e influencias hindúes entraran en su palacio, lo que le supuso vencer no pocas resistencias internas. También se atrevió a cancelar el tradicional impuesto mogol sobre las cosechas y los negocios hindúes, algo que provocaba las iras del pueblo.
Su apertura de mente y su capacidad de presentar su gobierno de forma amable para los hindúes ha sido siempre considerada una de sus principales virtudes políticas. Sobre todo teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de las personas que vivían en sus dominios eran hindúes.
A pesar de ser analfabeto, Akbar supo rodearse de hombres sabios y convirtió su corte en un gran centro de culto a las artes y las letras. Es conocido su interés por la pintura y la escritura; en sus años se realizaron importantes traducciones del sánscrito al persa y viceversa.

Akbar entabló relaciones diplomáticas con el Imperio Portugués, que por entonces se establecía en los alrededores de Goa y reconocía la superioridad militar de los mogoles.

En los últimos años de su vida, y tras prolongados trabajos de debate con responsables de distintas religiones, llegó a fundar una nueva religión (llamada “din-i-ilahi”, “La Fé Divina”) que asimilaba Islam e hinduismo, aunque estaba demasiado centrada en su persona y no prosperó tras su muerte.

Fatehpur Sikri

Fatehpur Sikri. Foto: Álvaro Maldonado, SGI

Fue Akbar quien ordenó trasladar la capital del imperio a Fatehpur Sikri, cerca de Agra. Un emplazamiento que se convirtió en inviable por falta de agua y tuvo que ser abandonado casi sin uso, pero que hoy nos permite visitar una sorprendente ciudad fantasma.

Akbar murió en 1605, con 63 años. Hoy está enterrado en el precioso mausoleo de Sikandra, en Agra.

Sikandra

Mausoleo de Sikandra. Foto: Álvaro Maldonado, SGI.


Sobre el autor:
DavidDavid Martín es colaborador de Sociedad Geográfica de las Indias. Fascinado por India, sus gentes y su diversidad, David colabora con Sociedad Geográfica de las Indias desde 2008, haciéndolo compatible con su trabajo en organizaciones como Unicef o Amnistía Internacional. Con nosotros ha dirigido la estrategia de comunicación y redes sociales hasta 2011 y actualmente colabora aportando una visión humana, transformadora y comprometida, asegurando que un viaje exclusivo y de alta calidad sea compatible con una experiencia enfocada al descubrimiento y el respeto por las personas y las costumbres locales. Para más información: [Quiénes somos]

Madre Teresa de Calcuta

Agnes Gonxha Bojaxhiu nació en 1910 en Skopje, hoy capital de Macedonia. En aquella época era una pequeña ciudad albanesa bajo dominio turco.
Aunque las fronteras geográficas poco importaron siempre para esta diminuta gran mujer, conocida en casi todo el mundo y que decidió nacionalizarse india.

La profunda religiosidad de su familia le transmitió una decidida vocación misionera, de hecho ingresó en la Congregación de las Hijas de María con sólo 12 años. A los 18 años partió a Irlanda, donde aprendió inglés, fue ordenada y recibió el nombre de “Hermana María Teresa”. Poco después partía para India, lugar donde quería realizar su servicio.

Fue en la Calcuta británica, en 1929, donde empezó a ejercer su labor como maestra en la escuela femenina St.Mary’s High School, de la que llegaría a ser directora en 1944. Allí se la recuerda por su capacidad de trabajo y sacrificio, por su buen humor y su talento como organizadora.

Son años difíciles para India y para Bengala en particular, afectada por la hambruna del año 1943 y la violencia creciente entre hindúes y musulmanes en agosto de 1946, previa a la independencia.

En 1947, tras su retiro anual en Darjeeling, adquirió la determinación de dejar su situación actual y dedicar su vida al servicio por los excluidos, “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupa”

<< La experiencia que me hizo decidirme a trabajar dedicada a los más pobres, fue un 10 de Septiembre del 1947, cuando caminando por las calles de Calcuta tropecé con el cuerpo de una mujer moribunda, la levanté, caminé hasta un hospital cercano y pedí una cama para ella; la mujer murió en esa cama, la primera, la única y la última cama que tuvo en su vida. Esta imagen me seguía y me preguntaba porque Dios permitía eso, en el silencio de la noche encontré la respuesta, Dios me dijo: “claro que he hecho algo para solucionar esto, te he hecho a ti”. >>

Madre Teresa de Calcuta

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La antigua Ruta de las Indias

Las historias y leyendas de Simbad el Marino o Marco Polo nos hablan puertos exóticos, comerciantes de extrañas lenguas y barcos que regresan repletos de canela, anís, jengibre, clavo o perejil. Son cuentos que hacen soñar con el lejano oriente, con noches estrelladas de olores intensos, con bandidos y piratas, islas sin nombre, tribus extrañas; aventuras e historias contadas a la luz de las velas.

Imaginemos el mundo cuando no había trenes o aviones. Cuando todo el comercio se realizaba en barcos y en magníficas caravanas que cruzaban enormes extensiones, a veces entre continentes.
Así era la Ruta de las Especias, que desde el siglo VII, gracias a los intermediarios árabes, permitió descubrir productos exóticos para los paladares europeos. De hecho, se suele decir que fue gracias a las especias que India y Europa se encontraron, lo que dio paso a un fructífero comercio de todo tipo.

La ruta de las Especias.

Ruta de las especias
Todo empezaba en las Indias Orientales, en Ceilán, Sumatra o Java, donde se recolectaba clavo, pimienta o nuez moscada y se transportaban hasta la bahía de Bengala.
La ruta atravesaba India o la bordeaba hasta el oeste, nutriéndose de nuevos ingredientes, hasta las costas de Kerala, donde mercaderes árabes iniciaban la ruta hacia occidente.

El camino desde aquí se realizaba al principio en barcos que atravesaban el Océano Índico. Antes de llegar a los puertos del Mediterráneo la ruta seguía dos caminos: uno que llegaba Damasco o Constantinopla, a través del Golfo Pérsico; y otra cruzando el Mar Rojo para llegar a Egipto cruzando el Nilo. Y después en barco, hasta los puertos romanos primero y hasta Venecia o Génova después.

Sin embargo, tras la invasión musulmana del Indostán y la unificación de toda la zona con la llegada del Imperio Mogol, se desarrollaron rutas de caravanas que sustituyeron en parte estas rutas marítimas y podían viajar por tierra con más seguridad, lo que desplazó la ruta por otros centro de interés en Rajastán.

Una vez establecida la ruta, ya no fueron solo especias sino todo tipo de mercancías las que circulaban por los mismos caminos, más desarrollados, vigilados y seguros. Es fascinante imaginar estos caminos, compartidos por mercaderes de muchos países y procedencias…

Video recomendado (en inglés).

El oro de India.
La Ruta de las Especias marcó el desarrollo de toda la región durante la Edad Media. Fue determinante para la prosperidad de ciudades y la conversión de pequeños emplazamientos en grandes urbes, y también condicionó la ubicación de determinados puntos estratégicos y bastiones que defendieran el comercio de guerras, piratas y bandidos o enfrentamientos regionales.

Especias (Foto Creative Commons, Wikipedia)
Es posible ver los vestigios de estas transacciones en el sur: Cochín, Munnar, Periyar, Thekkady, Madurai, Tanjore, Chennai… Y en el norte: Jaisalmer, Jodhpur, Udaipur, Jaipur, Srinagar. Todos ellos, verdaderos museos vivos.

Su propio nombre, del latín “species”, significa “básico” o “esencial”. No sólo condimentan y transforman los sabores en la cocina, también sirven para la conservación de alimentos, para elaborar aromas y perfumes o para su aplicación en la medicina tradicional. Y todo ello sin olvidar sus usos afrodisíacos, místicos o sagrados. No en vano las especias eran llamadas “el oro de India”.

La búsqueda del otro ‘Dorado’.
No es de extrañar entonces que el comercio de especias fuera el motor de grandes acontecimientos de la historia.
ClavoPor ejemplo, con la expansión turca y el bloqueo de importantes puertos y ciudades esenciales para el comercio entre oriente y occidente y la proliferación de piratas en el Mediterráneo, países como Portugal, Castilla o Aragón se propusieron la apertura de nuevas rutas comerciales. Es el viaje de Vasco da Gama en 1498, bordeando África para llegar hasta Calcuta y regresar con un preciado cargamento de especias y sustanciosos acuerdos comerciales que iniciaron la colonización.

Como bien es sabido, condicionó el viaje de Cristóbal Colón para intentar llegar a las Indias por occidente. Y por qué no hablar de Magallanes o Elcano, precursores de la ruta que unía Castilla con Filipinas y las llamadas “Islas de las Especias”, las actuales Islas Molucas.
Podríamos seguir hablando de la Compañía de las Indias Orientales, tanto la holandesa como la británica, en las cuales las especias tuvieron un papel protagonista.

Pero esa, queridos amigos y amigas, ya es otra historia.


Sobre el autor:
DavidDavid Martín es colaborador de Sociedad Geográfica de las Indias. Fascinado por India, sus gentes y su diversidad, David colabora con Sociedad Geográfica de las Indias desde 2008, haciéndolo compatible con su trabajo en organizaciones como Unicef o Amnistía Internacional. Con nosotros ha dirigido la estrategia de comunicación y redes sociales hasta 2011 y actualmente colabora aportando una visión humana, transformadora y comprometida, asegurando que un viaje exclusivo y de alta calidad sea compatible con una experiencia enfocada al descubrimiento y el respeto por las personas y las costumbres locales. Para más información: [Quiénes somos]