Polonnaruwa en Sri Lanka: unas ruinas asombrosas

Las ruinas de Polonnaruwa en Sri Lanka, Patrimonio de la Humanidad, permiten a los viajeros visitar la antigua capital y sus espectaculares esculturas de Budas talladas de Gal Vihara.

Escrito por Javier Galán

Polonnaruwa en Sri Lanka - Gal Vihara

© Roman Hobler

Con su maña, trucos, esfuerzo y dedicación nuestros antepasados, sean de la zona del mundo que sean, fueron capaces de levantar exquisiteces y proezas que nos dejan atónitos. La sencillez y rudeza, la utilidad y la ornamentación de lugares en ruinas como Polonnaruwa en Sri Lanka asombran al más pintado, e incluso al más viajado. La Unesco reconoció su valor nombrando a esta ciudad, antigua capital de Sri Lanka, Patrimonio de la Humanidad en 1982, junto a Sigiriya y Anuradhapura.

Polonnaruwa se sitúa a 50 kilómetros por carretera al este de la conocida Sigiriya, y a unas seis horas en coche de la capital, Colombo. Al llegar aquí, todo va de ruinas. De esas que cuentan historias de cómo se vivía hace siglos, de cómo las civilizaciones abandonan ciertos proyectos o son masacradas, de cómo los edificios que resguardaban sus actividades cotidianas cayeron en el olvido. Eso ocurrió con la segunda capital de la isla, que lo heredó todo de Anuradhapura y acabó corriendo la misma suerte.

Polonnaruwa en Sri Lanka - Gal Vihara

© vasse nicolas,antoine

Decenas de ruinas excavadas se suceden en esta ciudad del norte de Sri Lanka. Allí se encuentra un templo excepcional como es el de Gal Vihara, con sus llamativos Buda tallados en granito. Las esculturas que representan a Buda son innumerables en los países budistas; en ese aspecto Gal Vihara no es original. Lo llamativo viene al descubrir que hace nueve siglos los habitantes de la zona se dedicaron a tallar cuatro enormes budas sobre la misma roca de granito. De varios tamaños y en variadas posturas. Así, dos figuras de piedra meditan sentados, una se alza en pie y otra se relaja recostada. Por su espectacularidad, Gal Vihara se ha ganado a pulso convertirse en uno de los lugares más visitados del triángulo cultural de Sri Lanka.

Polonnaruwa en Sri Lanka - Gal Vihara

© Mahesh Kularatne

Al tratarse de antiguos lugares de culto como el descrito, es obligatorio descalzarse en la entrada de muchos de ellos. El de Polonnaruwa en Sri Lanka es un recorrido que recuerda a los templos de Angkor Wat por su configuración. Unos de otros se encuentran separados por un corto trayecto en tuk tuk o bicicleta, creciendo entre ellos la vegetación donde antes se levantarían los hogares del pueblo, humildes moradas hace tiempo desaparecidas.

No ocurre lo mismo con construcciones como Weijantha Prasada, el antiguo palacio imperial, hoy reducido a fotogénicos muros cubiertos de musgo. Y el resto de los edificios que formaron en su tiempo una intrincada ciudad sustentada por una refinada civilización van llegando unos detrás de otros. Destacan en algunos de estos lugares las piedras de la luna, piedras semicirculares que los cingaleses tallaban y con las que decoraban sus edificios. El templo Lankatilaka o la estupa Kiri Vihara son otras de las paradas de esta emocionante excursión. Las peculiaridades de la arquitectura cingalesa se suceden en este recorrido: una especie de cúpulas que protegían  y recubrían a las estupas más pequeñas aún se mantienen en pie aunque con desperfectos.

Polonnaruwa en Sri Lanka - Lankatilaka

© Bernard Gagnon

No podía ser menos de unos edificios que resisten desde que fueron creados gracias al empeño de hace siglos, y que nos permiten echar un vistazo a la vida en comunidad de los antiguos habitantes de Sri Lanka. Sin duda, visitar Polonnaruwa en Sri Lanka es echar la vista atrás.

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Qué hacer en Jaipur, la Ciudad Rosa

Escrito por: Enric Donate

Con sus vibrantes mercados y sus palacios cargados de leyenda, no debes preocuparte por qué hacer en Jaipur. La conocida como Ciudad Rosa es una caja de sorpresas donde encontrarás patrimonio, compras y ocio a partes iguales.

Qué hacer en Jaipur - Palacio de los Vientos

© Christian Trachsel

Jaipur, capital de Rajastán, forma parte junto a Delhi y Agra del Triángulo Dorado de India. También conocida como la Ciudad Rosada, el origen del color de Jaipur  es incierto, pero hay múltiples historias y leyendas como todo lo que rodea a esta ciudad mítica. Te contamos qué hacer en Jaipur para sacarle el máximo partido.

Te recomendamos empezar el día en el Fuerte de Amber. La antigua sede de los maharajás de Jaipur está a unos pocos kilómetros. El ascenso a la colina se puede realizar a lomos de elefantes decorados, como hacían los ilustres huéspedes antaño. Al entrar por la Puerta del Sol, el panorama del palacio y las murallas que serpentean por las colinas de Amber es único. No te vayas sin acercarte al Museo Anokhi, una casona dedicada al arte de la impresión de telas.

Qué hacer en Jaipur - Amber Fort

© Enric Donate

Jaipur ofrece una entrada combinada a los mejores ejemplos de su patrimonio. Por la tarde, ya sabrás qué hacer en Jaipur. Elije entre la extraña arquitectura del Jantar Mantar, un observatorio astronómico con instrumentos gigantes construido por el mismo Maharajá Jai Singh II, el fundador de Jaipur, u observa el trajín de los bazares desde el Hawa Mahal o Palacio de los Vientos, el lugar donde pasaban sus días las mujeres del harén real.

Qué hacer en Jaipur - Muros rosados de Jaipur

© Antriksh Kumar

Si te gustan las vistas, debes subir al Fuerte del Tigre, un palacio construido sobre las montañas que rodean Jaipur para las esposas oficiales del maharajá. La vista desde el fuerte al atardecer es impresionante. Otra opción es realizar una pequeña excursión hasta Galta, a 9 kilómetros, para subir al Templo de los monos. También entre colinas, se esconden estos hermosos templos que inspiraron a Octavio Paz para escribir Vislumbres de la India y El mono gramático.

A parte de visitar el patrimonio histórico, hay mucho qué hacer en Jaipur. Los bazares de la ciudad se cuentan entre los más pintorescos del mundo. Comprar joyas en India nunca ha sido más sencillo que en Johari Bazar, donde encontrarás desde elegantes piezas de estilo internacional, hasta joyería étnica, bisutería colorista o incluso piedras preciosas sin montar. Pasea por los bazares, Tripolia, Suraj Pol, Chand Pol… donde se suceden las telas, las especias y los útiles para el hogar bajo los porches que protegen a los compradores del sol.

Qué hacer en Jaipur - Danzas folclóricas de Rajastán

© Julien-Lagarde

Si buscas esparcirte, la diversión está garantizada. Los hoteles de lujo de Jaipur ofrecen emplazamientos espectaculares para tomar una copa o disfrutar de los espectáculos tradicionales de Rajastán. Cena en el Hotel Taj Rambagh Palace y disfruta de su espectáculo de marionetas y danzas folclóricas en un antiguo palacio. ¿Quieres algo más moderno? No te pierdas el cine a la manera india. En Jaipur hay uno de los cines históricos de India.  El Raj Mandir es la mayor sala de cine del país y cada día proyectan los éxitos de Bollywood con un público entusiasmado. Hay tanto que hacer en Jaipur que querrás quedarte un día más.

El origen del color de Jaipur, la Ciudad Rosa de la India

Escrito por: Alberto Piernas

Un color puede tener un significado concreto para una determinada cultura, motivo que nos ayudará a entender la esencia de Jaipur, la Ciudad Rosa de la India.

Jaipur, la Ciudad Rosa de la India - Hombre en la puerta del City Palace

© Exilism

La capital de Rajastán es conocida de muchas maneras: el “París de la India”, la ciudad más colorida de Asia pero, sobre todo, como Jaipur, la Ciudad Rosa de la India, un apelativo que lejos de resultar abstracto puede apreciarse en el color de sus fachadas. También es ese tono rosáceo que adquiere el Palacio de los Vientos que suspira en el corazón de una ciudad ya de por si colorida gracias a sus bazares y elefantes tatuados. Sin embargo, ¿obedece esta fiebre rosa a un motivo concreto? Por supuesto, salvo que existe más de una versión respecto a tal origen.

La primera hace alusión al deseo del Maharajá Jai Singh, fundador de la ciudad en 1727, por emular el color de los edificios construidos con arenisca roja durante el imperio mogolo, aliados del mismo hasta su posterior destierro de la considerada como primera ciudad oficial de la India gracias a un estudiado sistema urbano y una reforma que pretendía embellecer cada uno de los lugares de la misma.

Jaipur, la Ciudad Rosa de la India - Jaipur City Gate

© Justin Morgan

La segunda versión, y más extendida, surge a partir de 1876, año en el que el Príncipe Alberto de Gales y la Reina Isabel visitaron esta ciudad como parte de su recorrido por el famoso Triángulo Dorado de la India. Cuentan que el color rosa, el cual simbolizaba la hospitalidad para los dirigentes de Jaipur, fue el referente que impulsó al Maharajá Ram Singh a ordenar a sus súbditos que pintasen las fachadas de los edificios más importantes, especialmente aquellos cercanos a los templos y fuertes, en color rosa para recibir a los visitantes.

La leyenda cuenta también que en 1877, un año después de tan esperada visita, una de las mujeres predilectas del Maharajá le convenció para mantener el color rosa de las paredes y prohibir pintar cualquier otro edificio en un color diferente, un deseo que quedó reflejado como una de las leyes de la ciudad.

La tercera versión afirma que en el estado de Rajastán existe un tipo de arenisco roja, de tonalidad rosa terracota única, la cual fue empleada por primera vez para la construcción del Palacio de los Vientos (conocido como Hawa Mahal) en 1799.

Jaipur, la Ciudad Rosa de la India - Hawa Mahal -

© Enjosmith

Con el paso del tiempo, algunos de los visitantes que se acercan a una de las ciudades más famosas de la India perciben un color más bien naranja en lugar del mencionado rosa. Sin embargo, nuestra percepción hacia Jaipur, la Ciudad Rosa de la India, continuará luciendo del color que una vez un maharajá eligió para impresionar a un príncipe que llegó desde el otro lado del mundo. Un pedazo de historia congelado para siempre con tal de ofrecer a las futuras generaciones de visitantes la posibilidad de sumergirse en una ciudad cuya energía procede de viejas intenciones: ofrecer hospitalidad y hacer que el viajero se sienta en una ciudad atemporal, mágica y, especialmente, única.