Visitar el templo Ranakpur: la distorsión de los sentidos

Escrito por: Javier Galán

Visitar el templo Ranakpur es encontrarte con una construcción jainista que confunde con cada centímetro de mármol blanco exquisitamente esculpido.

Visitar el templo Ranakpur

© Daniel Mennerich

Quién diría que se puede crear un laberinto a base de columnas. Más aún de columnas de mármol blanco, con tantos detalles esculpidos que cada uno de los 1.444 pilares que lo sustentan son diferentes. En cada uno, una historia; un relato que llega cuando se observa este conjunto que asemeja un bosque, pero uno crecido del mármol: es lo que tiene visitar el templo Ranakpur, un complejo jainista a unos 90 kilómetros siguiendo el norte desde Udaipur.

Hay en cada recodo de estos templos una exquisitez que descubrir. De repente puedes mirar al techo y encontrarte una elipse que podría perfectamente seguir las directrices del número áureo. O paredes que dejan pequeños huecos, cientos de ellos. Y lo mejor es que en cada uno de ellos hay una figurita, una estatuilla tallada en el mismo material. Precioso e inquietante resulta el detallismo de las cúpulas, pero es que incluso también los escalones. En uno de los lugares de dentro del templo que más éxito tiene entre las visitas se yergue una figura de un elefante.

Visitar el templo Ranakpur

© Daniel Mennerich

Este es sin duda un lugar en el que es fácil notar cierta confusión sensorial. Todo es tan de ese color tan tenue, tan neutro, que todo lo equipara de lejos. Pero que a la vez, en cuanto te acercas a una superficie te muestra tantos detalles. Un templo realmente erigido para distorsionar los sentidos.

El conjunto de templos parece ser que se erigió para venerar la figura de Adinath, tradicionalmente considerado el fundador del jainismo. El templo principal recibe por nombre el de Chaumukha Mandir o Templo de las cuatro caras, así denominado porque representa el triunfo de este sobre los cuatro puntos cardinales, lo que le convierte en alguien que domina el cosmos por extensión. Fue levantado en el siglo XV y es el eje principal de este complejo que se considera como el punto culminante de las construcciones creadas en el marco del jainismo.

Visitar el templo Ranakpur

© Daniel Mennerich

El jainismo es una religión india surgida o, mejor dicho, fundada antes del siglo X, aunque tanto sus raíces, fundador e inicios siguen creando controversia entre los estudiosos. El pilar sobre el que se asienta esta religión es la idea de que la violencia no tiene ningún tipo de cabida en la vida de la persona que la siga. Que solo siguiendo tal pensamiento y una gran disciplina acerca del autocontrol se puede llegar a conseguir la liberación final y personal.

Algo similar debieron tener los escultores que pusieron tanto empeño y habilidad para tallar cada centímetro de las 29 salas interconectadas, y conseguir que un lugar tan abigarrado, aun así, sea capaz de transmitir armonía. Todo un logro que se haya conseguido mantener adecuadamente esa sensación en las diferentes construcciones que componen el complejo. El ya mencionado Templo de las cuatro caras con sus apoyos dedicados a Nemitah y Parasnath. Un poco más lejos se encuentra otro dedicado al sol, y más lejos aún otro templo dedicado a Amba Mata, otra diosa. Algo más modestos que el principal, lo cual es como decir nada, pues se muestra inalcanzable.

Viaje a Jaipur. Laboratorio astronómico de Jantar Mantar

Escrito por: Javier Galán

En un viaje a Jaipur no puede faltar la visita al observatorio astronómico de Jantar Mantar. Una mezcla de arquitectura, ciencia, religión y el reloj de sol más grande del mundo. 

El observatorio astronómico de Jantar Mantar es una de las joyas de Jaipur. Podría parecer que otros monumentos de la ciudad, como el Palacio de los Vientos, le hacen sombra. Pero el observatorio no tiene nada que envidiar a ninguno de ellos. Su valor arqueológico, científico y religioso le otorga una singularidad digna de ser reconocida por la UNESCO. Una visita guiada a Jantar Mantar en un día soleado tiene muchos puntos para convertirse en una experiencia inolvidable.

Viaje a Jaipur

© Beatriz Segura

¿Qué lo hace tan especial? Para empezar, es uno de los observatorios solares más grandes del mundo que aún hoy en día se utiliza. No es propiamente un edificio, sino un gran patio repleto de diversas construcciones que a primera vista parecen extravagantes esculturas, pero que resultan ser instrumentos de gran precisión para el estudio del firmamento. Las más reconocibles son los gigantescos relojes de sol, que conviven con astrolabios de hasta dos metros de diámetro. Pero en Jantar Mantar hay muchos más artilugios maravillosos que datan de hace tres siglos, entre 1727 y 1733.

Viaje a Jaipur

© McKay Savage

La construcción del observatorio fue ordenada y supervisada por el maharajá Jai Singh II, un sabio adelantado a su tiempo y apasionado de la astronomía que mandó construir otros cuatro observatorios en la India. Es curioso, porque el invento del telescopio no había llegado a la India cuando comenzó la construcción de Jantar Mantar pese a que Galileo lo había inventado un siglo antes. Por eso es aún más admirable que Jai Singh diseñase con su propio criterio muchos de los aparatos astronómicos diseminados por el patio.

Viaje a Jaipur

© Vssun

Las 14 estructuras, o gnomones, son de una variedad fascinante: unas sirven para medir el tiempo; otras, para estudiar estrellas y constelaciones, predecir eclipses o posicionar los planetas. Hay muchas referencias religiosas, ya que los astrónomos indios eran también sacerdotes que estudiaban el cielo para predecir el futuro, de una cosecha o de una persona. Los gnomones son réplicas de instrumentos de precisión ideados por el propio Jai Singh, pero su gran tamaño asegura más precisión; por eso se construyeron en piedra, mármol y bronce.

Viaje a Jaipur

© Beatriz Segura

Entre los gnomones más conocidos está el Samrat Yantra, un reloj de sol que apunta al polo norte y que presume de ser el más grande del mundo con 27 metros de altura. Puede verse a simple vista el desplazamiento de la sombra a un milímetro por segundo. Más pequeñas, pero también más originales, son las pozas semiesféricas de Jai Prakash Yantra: reflejan el mapa astral, sus 5,4 metros de diámetro están recubiertos de mármol y cada una es el negativo de la otra, es decir, las hendiduras de una corresponden a los relieves de la otra. También son inusuales las estructuras cilíndricas dispuestas en parejas que reciben el nombre de Ram Yantra y que servían para medir la altitud de los cuerpos celestes.

La guinda la pone la escalera empinada y estrecha cuya silueta se ve desde muchas partes de la ciudad. Concebida para contemplar astros, hoy ofrece una perspectiva de todo el conjunto del observatorio y una hermosa vista de Jaipur.

5 lugares que no debes perderte en tu viaje a Sri Lanka

Escrito por: Eva del Amo

Sri Lanka es la receta que cocina a fuego lento una mezcla perfecta entre naturaleza, cultura, tradición y sonrisas, invitándonos a descubrir un lugar a la vez fascinante y mágico. A continuación, te listamos los 5 lugares que no deber perderte en tu viaje a Sri Lanka:

La isla esconde arrozales, palmeras, campos de té y verdes colinas. Árboles sagrados y estatuas de Buda en medio de la espesa jungla. Bosques de ébano, caoba y sándalo, preciosos hoteles coloniales y ocho lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Decidir qué se va a ver en Sri Lanka, de entre todo lo que ofrece, es una tarea complicada, pero hay cinco lugares que nadie debería perderse en la primera toma de contacto con el país insular.

  1. Colombo es la capital de Sri Lanka. Crisol de las diferentes culturas que forman parte de su historia, ofrece, entre otros placeres, poder pasear por el paseo marítimo de Galle Face Green, a orillas del Océano Índico, a lo largo de algo más de una milla. Deja tiempo para visitar su precioso faro de la época colonial y su coqueta playa. También merece una visita su Museo Nacional, indispensable para conocer el arte y la historia del país.
Viaje a Sri Lanka - Colombo beach

© Nazly Ahmed

  1. En Galle, en cambio, lo mejor es perderse por su excepcional casco histórico, a medio camino entre la tradición arquitectónica europea y la asiática. Edificios con encanto para una ciudad con siglos de historia, que presume de fortaleza y bastiones, herencia del dominio portugués y holandés de hace casi cinco siglos.
Viaje a Sri Lanka - Galle Fort

© Marc Biebusch

  1. Kandy, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, también es conocida como Senkadagalapura, la ciudad sagrada del budismo y la última capital de los reyes sinhalas. En este precioso escenario, a orillas de un lago artificial, se levanta el Palacio Real y diferentes templos, como el del Diente de Buda. Numerosas personas se acercan cada día a este lugar a venerar la reliquia más respetada del país.
Viaje a Sri Lanka, Kandy

© Idobi

  1. Pero si quiere conocer a fondo la cultura y la historia del país, nada mejor que visitar el eje que conforma el triángulo cultural de Sri Lanka: Sigiriya, Anuradhapura y Polonnaruwa, todos ellos situados al norte de la capital. En Sigiriya podremos admirar su palacio-fortaleza, del siglo V, que se alza altivo dominando el paisaje, mientras que en Anuradhapura se conserva la mayor estupa del país y el Sri Maha Bodhiya, un árbol sagrado con 2.500 años de antigüedad, nacido de un esqueje de la higuera bajo la cual Buda recibió la iluminación. Pero si queremos viajar al mismísimo corazón del budismo, nada mejor que acercarse hasta Polonnaruwa, cuya selva se ha encargado de preservar un riquísimo patrimonio histórico-artístico, en el que sobresalen las estatuas de Gal Vihare.
Viaje a Sri Lanka - Anuradhapura

© Aitor Garcia Viñas

  1. Nuestro último destino será Dambulla, que permite explorar tesoros de un valor incalculable. Hace más de dos mil años contemplan preciosos templos esculpidos en la roca, que hoy recogen una importantísima colección de pintura al fresco e impresionantes estatuas de Buda. Son los ecos de un pasado que hoy está más presente que nunca a través de los ojos de quien lo contempla.
Viaje a Sri Lanka - Templo de Dambulla

© Prasanth Chandran

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Viajar a Jaipur. Fuerte de Amber

Escrito por: Javier Galán

Viajar a Jaipur para sentirse un maharajá a lomos de un elefante en Amber Fort… La visita al palacio fortificado de Amber tiene todos los ingredientes para ser la atracción más popular de la llamada Ciudad Rosa. 

Viajar a Jaipur. Fuerte Amber

© AJAY SHANKAR

Rudyard Kipling dijo una vez: “Dios creó a los maharajás para dar un espectáculo al mundo”. Pues bien, hay pocos lugares en la India donde esta afirmación tenga tanto sentido como en el palacio fortificado de Amber, a 11 kilómetros de Jaipur. Este imponente complejo palaciego hecho de arenisca roja y mármol blanco se erigió como capital del estado de Jaipur hace cinco siglos, y hoy reina con todo su esplendor fantasmal en lo alto de una escarpada colina. Y llegar a lo alto de esa colina es toda una experiencia en sí misma, porque el recorrido es espectacular y se hace a lomos de un elefante.

Viajar a Jaipur. Fuerte Amber

© DANIEL VILLAFRUELA

El mejor momento para realizar esta ruta es al amanecer, y no solo porque se evitan largas colas y tumulto de turistas; a esa hora, la luz del alba se refleja en el lago Maotha y en las paredes de la antiquísima fortaleza y su muralla, creando una atmósfera mágica. Y ser uno de los primeros del día en cruzar la puerta Suraj Pol y entrar en la amplia plaza ajardinada hace sentir al visitante como un auténtico maharajá. El elefante, engalanado y con la trompa pintada, sube a lo alto de la colina por una rampa especial, en un trayecto que dura unos 20 minutos.

Viajar a Jaipur

© Nadine Spielmann

Amber Fort descansa sobre las ruinas de un templo dedicado al sol que data del año 955. El complejo actual comenzó a construirse en 1592 con la idea de crear un palacio para el Rash dentro de la misma fortaleza. Hoy, el visitante distingue entre el Jaigarth Fort, o fuerte original, y el palacio de Amber, ambas estructuras conectadas por pasadizos y patios dignos de explorar durante toda la jornada. La visita al sensacional complejo se aprovecha más con un guía acompañante, ya que los siglos que aguantan estas ruinas sobre sí mismas se comprenden mejor con las explicaciones detalladas y las anécdotas que ofrece un experto acompañante.

Desde la entrada, subiendo por una estrecha escalera, se llega a una puerta de plata que da acceso al templo de Kali, donde se sacrificó una cabra al día desde el siglo XVI hasta hace escasos 30 años. Desde allí se accede a los apartamentos del marajá, en la planta superior y con unas vistas privilegiadas. Las delicadas labores de restauración llevadas a cabo en este palacio fortificado hacen que mármoles, mosaicos y esculturas luzcan como en sus mejores tiempos. Otra visita obligada es el vestíbulo de los espejos, una amplia estancia donde la llama de una sola vela iluminaba toda la habitación.

Viajar a Jaipur. Mirror Room, Fuerte Amber

© Jeff and Neda Fields

Al cerrarse las puertas del complejo y ponerse el sol, el visitante puede escoger entre regresar al llano a pie o en todoterreno. El palacio-fortaleza de Amber se integra de tal forma en las montañas de la zona que resulta difícil imaginar una mejor posición defensiva. O un mejor atardecer.

Viajar a Jaisalmer, las puertas al desierto

Escrito por: Verónica Aranda

Según la escritora y filósofa Chantal Maillard, Jaisalmer es una contradicción: a la vez un amplio mercado atrayente y bullicioso y un fuerte austero labrado en pleno desierto.  Viajar a Jaisalmer es hacerlo a la última ciudad al noroeste de la India, cerca de la frontera con Pakistán, en el extremo de la vasta extensión del desierto del Thar.

Viajar a Jaisalmer: Fuerte de Jaisalmer

© Koshy Koshy

El fuerte de Jaisalmer, es una visión impresionante: un gran castillo color piel de león, labrado en piedra arenisca, que surge de las llanuras arenosas como un espejismo de una época pasada. Esta remota ciudad adormecida se ha transformado en uno de los destinos más turísticos de todo Rajastán.  Fue fundada en el siglo XII por el príncipe Jaisal, del clan rajput Bhatti. Durante algunos siglos, la ciudad fue un floreciente centro de comercio estratégicamente situado en la ruta de las caravanas a Afganistán y Asia Central.

Viajar a Jaisalmer: Golden City, Jaisalmer

© Daniel Mennerich

Si decides viajar a Jaisalmer, te enamorarás de sus monumentos. La arquitectura de la Ciudad Dorada, es un ejemplo de adaptación al clima agreste del desierto. La ciudadela corona la colina Tricuta con muros de 6,4 kms de longitud y 9 metros de altura, y con laderas escarpadas por debajo de los 99 bastiones. Dentro de la ciudadela, formada por un laberinto de diminutas callejas, encontrarás impresionantes havelis, antiguos palacios de mercaderes y ministros de la ciudad, construidos en el siglo XIX. Las havelis Salim Singh, Nathmajli y Patwon son los más refinados exponentes de esta arquitectura, con fachadas de piedra dorada labradas de manera exquisita, celosías con distintos motivos y hermosos murales.

En el corazón de la ciudadela se levanta un grupo de siete templos jainistas interconectados, construidos entre 1470 y 1536 por los ricos mercaderes de la ciudad. Están bellamente labrados y se consagran a los tirthankaras jainistas como Rishabdeo o Parsvanatha.

El palacio de Maharawal es otra de las grandes atracciones del fuerte y tiene sabor rajput, con su rica mampostería de la fachadas y sus estancias decorativas. Es un buen lugar para contemplar la puesta de sol.

Viajar a Jaisalmer

© sabamonin

El lago Gadsisar es otro de los puntos importantes de la ciudad, en otro tiempo único suministro de agua de Jaisalmer. Vale la pena rodear el lago para ver sus ghats y templos.

Otro paseo imprescindible es el colorido bazar Manik Chowk, situado a la entrada del fuerte, donde te puedes hacer con mantas de pelo de camello, tejidos bordados y joyas de plata.

Viajar a Jaisalmer

© Evgeni Zotov

No te puedes ir de Jaisalmer sin pisar el desierto, haciendo una excursión a las Sam Sand Dunes, a 45 kms de la ciudad. Sus ondulantes dunas se pierden en el horizonte. Lo ideal es recorrerlo en camello y hacer noche allí, para sentir la verdadera magia de las arenas del desierto.

Coincidiendo con la luna llena de enero a febrero, se celebra el exótico Festival del Desierto. Durante tres días se organizan carreras de camellos, danzas, espectáculos de títeres, además de desfiles con trajes tradicionales, elefantes ornamentados y bandas de música.  Acuden gentes de toda la comarca, y al final de las celebraciones tiene lugar un viaje a Sam Sand Dunes, donde el paisaje del desierto y la luna se mezclan con el resplandor de las hogueras.

Viaje a Nepal: dando vueltas alrededor de Boudhanath

Escrito por: Javier Galán

Puede que Boudhanath, una de las estupas más grandes de Nepal y del mundo se levantase en honor a Buda, pero quien ha tomado últimamente el mando son los pájaros. Y como tiene forma circular, así como la plaza que la circunda, las cientos de palomas que allí se buscan la vida van dando vueltas hasta que alguna anciana o monje les entrega su ofrenda con forma de pan. El viaje a Nepal y visita la estupa a las afueras de Katmandú se convierte en una parada obligatoria.

Viaje a Nepal: Boudhanath

© Michael Foley

En ese aspecto los pájaros son tratadas como divinidades. Aunque no hagan otra cosa que asustar con sus multitudinarias desbandadas a todos aquellos que visitan, se ganan la vida, rezan o pasan el rato en los alrededores de esta construcción religiosa con forma de montículo que, según a quien se pregunte, contiene un trozo de hueso del propio Buda.

Viaje a Nepal: Boudhanath

© Benjamin Jakabek

Quizá por eso atrae a tantos visitantes por las mañanas y, una vez que estos se marchan, se convierte en el foco de locales y religiosos, que dan vueltas mientras rezan. Si nos acercamos un poco más veremos por qué: incrustadas en la pared exterior, en grupos de cuatro o cinco, se encuentran las 147 ruedas de plegaria que tanta gente hace rodar al día a la vez que recita el mantra Om mani padme hum.

Y todo esto ocurre bajo la atenta mirada de la propia estupa. Recorramos sus diferentes partes, creadas para recordar el camino que hay hacia la iluminación, para entender por qué: la base es un rectángulo que simboliza la tierra. Encima, una cúpula esférica de blanco nuclear que se pinta año tras año y representa el agua. Y encima el fuego lo representa un cubo dorado que lleva pintados los ojos de Buda. Por encima se alza una aguja (aire) y una especie de paraguas (el vacío), pero quedémonos en esos ojos.

Viaje a Nepal: Boudhanath stupa, Kathmandu, Nepal

© Sarahtz

En lo que habrán visto, alzándose sobre tantísimos templos construidos alrededor de este lugar sagrado, bajo su abrigo, desde que era el lugar de descanso tras la primera etapa de la ruta comercial que unía Katmandú y Lhasa, en el Tíbet. Donde los mercaderes rezaban antes de encabezar sus yaks hacia el Himalaya. Y donde ahora viven muchos tibetanos que dejaron sus hogares tras el levantamiento tibetano de 1959.

Y de ahí a los mercaderes que ahora tratan de una manera muy respetuosa de vender sus figuritas de Budas sonrientes, de los niños que se persiguen en círculos, a esa anciana que, quizá por haberlas acostumbrado día a día, puñado a puñado, consigue que varias palomas se le posen tranquilamente sobre sus encorvados hombros. En tu viaje a Nepal es posible respirar la paz.