3 lugares para hacer el amor en Maldivas

3 lugares para hacer el amor en Maldivas
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Isla con forma de corazón en Maldivas

Según Eva y Diego.

Escrito por: Alberto Piernas

El matrimonio que partió en busca de una estrella de mar

Estrella de mar en Maldivas

Aquel día de abril, Eva vendió el último cuadro de la colección «Mares». Una copia de su obra favorita, Estrella de mar índica, la cual conservaba colgada en el salón de su coqueto piso de Madrid. Para Eva, aquel cuadro era especial porque la estrella de mar simbolizaba el amor y la pasión; las mariposas que sentía en la época en que lo pintó. Cuando conoció a su marido, Diego.

Diego era farmacéutico y aunque nunca llegó a encontrar en el arte la forma de expresar sus emociones, sí era mucho más tierno que su esposa. Tras muchos años de trabajo, se disponía a ceder su empresa en pos de una vida de prejubilado que pensaba aprovechar sucumbiendo a todos aquellos lugares a los que nunca fue, siendo Maldivas uno de ellos.

Tosco y cabezón, Diego insistió con ir a Maldivas mientras tomaban sopa en el salón. Y aunque Eva renegó en un primer momento, una última mirada hacia el cuadro que colgaba en la pared terminó de convencerla. De sembrar en ella una extraña intuición.

Cuatro meses después, Diego y Eva tomaron un avión desde Madrid rumbo a Maldivas. Hicieron escala en Nueva Delhi, donde tuvieron tiempo de visitar algunos de los grandes encantos de la ciudad como los mercados de Chandni Chowk o el majestuoso Lotus Temple. Una jornada en la que Diego se limitó a admirar todo cuanto visitaban mientras Eva leía novelas eróticas camufladas bajo títulos de novela rosa en el coche privado que les condujo por toda ciudad.

Finalmente, tras varias horas de vuelo, aterrizaron en Male, la capital de Maldivas. más concretamente en un aeropuerto semiflotante donde un hidroavión llegó para recibirlos y transportarlos al cercano atolón de North Male, lugar donde yacía Baros Maldives, un resort paradisíaco asomado al océano índico. Habían leído mucho sobre él, sobre sus villas y posibilidades, pero poco podían imaginar que la brisa, el servicio y sus atracciones convertirían a Baros en ese lugar que superaría todas las expectativas.

  • Creo que iré a pintar – le dijo Eva a su marido horas después de dejar las maletas en la habitación.

Diego esperaba un «Vayamos juntos a la playa», pero asintió algo decepcionado y se quedó en la habitación.

Sri Lanka y Maldivas en FITUR

La cena de Eva y Diego en el restaurante Lighthouse de Baros Maldives

Al anochecer, Eva se enfundó un vestido de lino semitransparente y Diego su mejor camisa para ir a cenar al restaurante Ligthhouse, donde degustaron algunas de las mejores delicias del hotel: tartar de atún y rapsberry mule, langosta o ese delicioso mojito maldivo de guinda. Bocados irresistibles aderezados de la brisa índica, ese trato exquisito y una conversación pausada acerca de lo que pretendían encontrar en el paraíso.

Al terminar de cenar, ambos volvieron a la habitación. La luna era llena y la bañera de la suite lucía pétalos de rosa. Fue entonces cuando Diego se quitó la camisa y se sumergió en el agua, siendo aquel momento, el mismo en el que Eva le vio absorto mirando al cielo, cuando ésta comprendió por qué se caso con él: por su iniciativa y su capacidad para seguir confiando en las nuevas oportunidades. Tal fue así, que también Eva sintió la necesidad de entrar en la bañera y hacer el amor con su marido.

– Echémosle la culpa a la cayena de la cena – le dijo a Diego con una de esas sonrisas que hacía tiempo no esbozaba.

Water Pool Villa de Baros Maldives

La Water Pool Villa de Diego y Eva.

A partir de entonces, Diego y Eva aceptaron que aquel lugar de Maldivas había despertado en ellos sensaciones que yacían dormidas desde hacía mucho tiempo. Quizás porque estaban lejos de la rutina, por la comida o la brisa. Porque Baros Maldives estaba totalmente diseñado para convertir lo imposible en posible.

Sandbank de Baros Maldives

Caminando por ese paraíso propio llamado Sandbank.

Al día siguiente, llegaron al Sandbank de Maldivas, un banco de arena suspendido en mitad del Índico donde pudieron pasar el día reflexionando frente al océano y escuchando el sonido del silencio. Atendidos por un camarero que, de vez en cuando, regresaba al yate para ordenar la cocina, Diego y Eva se besaron apasionadamente en aquel lugar atemporal donde perfectamente podrían haber retrocedido a 1984.

Piano Deck en Baros Maldivas

También dieron rienda suelta a la pasión en el Piano Deck.

Todo ello, por no hablar de los arrumacos y la pasión que experimentaron en el Piano Deck, el cual les recordó aquel lugar al que nunca fueron durante su luna de miel.

Tras una semana de sexo, amor y cayena en Maldivas, Eva y Diego hicieron las maletas dispuestos a regresar al aeropuerto, más sonrientes que nunca. Sin embargo, antes de abandonar la villa, decidieron darse un último baño en la piscina. Diego volvió a acercarse a ella y a besarla en el cuello mientras Eva levantaba la mirada sobre el borde la piscina que se confundía con el océano.

El mismo en el que, en algún momento, avistó una estrella de mar rosa salpicando el azul de sus sueños.

Y sonrió.

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