
Las cuevas de meditación de Bután: una serendipia que no esperabas. © Atlas Obscura
Dochula Pass, en Bután, alberga secretos como sus antiguas cuevas de meditación.
Por Alberto Piernas

Un ratito de meditación en un lugar mágico. © Atlas Obscura
A lo largo de los siglos, cientos de creyentes han vagado por el mundo encontrando sus propios refugios donde ausentarse del exterior, practicar el ostracismo y buscar respuestas. Memorias que hoy envuelven las cumbres donde se despliegan las estupas de Dochula Pass, uno de los emblemas del senderismo de Bután que también engloba secretos como sus ya icónicas cuevas de meditación ocultas en plena naturaleza.
Similares a las viviendas «hobbit» de El Señor de los Anillos, estas grutas excavadas en el conocido Meditation Caves Park evocan un atajo al universo en forma de símbolos y buenas intenciones que enlazan con esa felicidad tan característica de Bután.
Cuevas de meditación en Bután: nuevos refugios en el techo del mundo

Cuevas de meditación en Bután. © BTN
Si te encuentras entre Timbu y Punakha, una de las visitas que no pueden faltar en tu viaje a Bután nos lleva hasta Dochula Pass. Una estación de montaña donde hasta 108 chortens (estupas budistas) dialogan con un mar de nubes donde la magia nos envuelve para sentirnos en un lugar atemporal, inolvidable.
Sin embargo, uno de los lugares que puedes obviar durante esa visita de trekking es el Meditation Caves Park, donde un conjunto de 11 cuevas susurran alejadas de la modernidad en el corazón de un tapiz natural de niebla y pinos.
Un latido espiritual surgido de una iniciativa para conmemorar el 60 aniversario del nacimiento del Cuarto Rey Dragón Jigme Singye Wangchuck un 11 de noviembre, motivo numérico que define a este proyecto. De hecho, cada cueva representa a una figura budista: Jampelyang, Buda, Chana Dorji, Drukpa Kunley, Tsheringma, Guru Rinpoche, Zhabdrung, Tara Blanca, Milarepa, Chenrezig y Dorji Yudronma.

El Cuarto Rey Dragón, artifice de este conjunto de once cuevas. © Buthan Today
Además de estas cuevas, también encontramos 34 bancos de piedra que representan el número de años bajo el reinado del propio rey. Un proyecto que finalizaba su construcción en 2017 tras dos años de trabajos bajo un objetivo inspirador: facilitar a todas las personas que visiten Dochula Pass un refugio de esparcimiento y meditación siguiendo los deseos del rey para sus súbditos y los viajeros.
De esta forma, si bien tampoco podemos contemplar la idea de hacer un retiro de tres días, tres meses y tres años (la métrica del budismo más profundo), las cuevas quedan a disposición de los senderistas y personas locales para tomarse unos minutos o una hora de tranquilidad.
Pequeñas cavernas abiertas y construidas en piedra que han sido decoradas con vivos colores y simbolismos budistas como el druk, o dragón – símbolo nacional de Bután desde hace siglos y animal espiritual -, el cual se extiende sobre la entrada de la cueva, trayendo buena suerte a quienes la visiten.

Dochula Pass, un esencial de Bután. ©Goran Hoglund Kartlasarn
Un nuevo espacio que no hace sino sumar simbolismo a una cumbre legendaria y llena de historia, ya que los 108 chortens conmemorativos (o estupas) de Dochula Pass fueron construidos en 2004 en honor a los soldados butaneses caídos en la batalla contra insurgentes de la región india de Assam un año antes.
La mayoría de los visitantes acuden al paso por sus vistas magníficas. En un día despejado (algo que ocurre con suerte), se pueden contemplar picos del Himalaya como los montes Masanggang y el Gangkar Puensum, prohibido de escalar para no molestar a los espíritus ancestros.
Una cumbre donde la historia de Bután parece encaramarse para clamar respeto pero, ante todo, ofrecer espacios que nos reconecten con el mundo y nosotros mismos.
¿Te gustaría meditar un ratito en una de estas once cuevas durante tu viaje a Bután?